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Futuro del trabajo: tema a resolver

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Dr. Luis Valladares
Periodista, Locutor Nacional, Contador Público, Lic. en Costos, Lic. en Administración de Empresas, con tres distinciones de la Asociación Médica Argentina y de la Sociedad Argentina de Periodismo Médico, por sus trabajos en la Prevención de Adicciones a las Drogas. Ex-Director del periódico Mundo Mutual y fundador del periódico Mundo Cooperativo.

La gran influencia que tiene la tecnología en el ámbito laboral ha provocado como primer resultado, el reemplazo paulatino de la mano de obra del ser humano a través de sofisticadas tecnologías que demuestran tener la capacidad de realizar tareas que hasta no hace muchos años, las realizaba solamente el hombre.

Este fenómeno tecnológico provoca consecuencias en lo económico por la reducción de costos y en lo social, por la falta de trabajo, como es el caso y tan solo por citar algunos, de los cajeros automáticos en los bancos, que realizan gran parte de la tarea de un empleado, y además, transfieren parte de la misma al propio cliente, beneficiando al banco con la disminución de personal y sus respectivos costos; o en las grandes ciudades, el caso del expendio del boleto o de la ficha para viajar en el subterráneo, que actualmente se realiza con una tarjeta magnética que a la vez es cargada y cobrada por una máquina; o en las farmacias en las que el vendedor recibe a través de una cinta transportadora un medicamento desde la estantería tan sólo indicando un código a una computadora.

Además, los robots ya tienen una incidencia muy significativa en las industrias automotrices y electrónicas, entre otras.

También se los utiliza cada vez más en la agricultura, minería, transporte, exploración espacial y marítima, sistemas de vigilancia no tripulada, salud, educación, y muchos otros campos de actividad.

Los robots pueden aumentar la productividad laboral, reducir los costos de producción y mejorar la calidad del producto. Además, en el sector servicios han generado incluso modelos operativos completamente nuevos.

Uno de los beneficios que aportan es que eliminan la necesidad de realizar trabajos pesados y peligrosos, ayudando así a quienes por su edad u otro motivo, no pueden hacerlo.

Sin embargo, los mayores beneficios económicos obtenidos por el uso de robots están directamente relacionados con la sustitución parcial de la fuerza de trabajo. Y no es obvio mencionar, que las grandes empresas son las que más se benefician por tener capacidad para adquirir tecnología y así reemplazar a los trabajadores.

Puede aseverarse que la fabricación de robots también demanda mano de obra, y muy calificada, que percibe altos ingresos, pero por cada persona altamente capacitada que trabaje en su fabricación, se eliminan miles de puestos de trabajo de personas que no tienen la posibilidad de realizar tareas complejas.

Ya existen tractores robotizados con capacidad de realizar tareas en el campo en forma autónoma, como arar, sembrar y cosechar, ya que además de la tecnología específica para cada tarea, poseen sensores que son utilizados de guías para realizar el recorrido adecuado evitando colisionar con obstáculos.

En el caso de la Argentina, este tema merece una muy especial atención, habida cuenta de que la producción más importante es de origen agrícolo-ganadero, y en nuestros campos, se emplean cada vez menos cantidad de personas. En cuanto a la industria, ocurre lo mismo, sin que este sector haya logrado un crecimiento suficiente todavía, para que la robotización tenga una incidencia notable en el aspecto social.

En cuanto a la utilización de mano de obra en nuestras grandes ciudades, un aspecto que resulta por lo menos llamativo y hasta contradictorio, es que desde hace muchos años está en aumento la desocupación, mientras que existe una gran cantidad de oficios que paulatinamente cuentan con menor cantidad de personas capacitadas para desempeñarlos. Nos referimos a los carpinteros; plomeros; albañiles; pintores; gasistas, etc., que en general se los requiere para realizar tareas en domicilios, pero que sin embargo, por la poca cantidad de personas que realizan esas tareas, resulta sumamente difícil conseguir sus servicios, además de que en muchos casos, dan lugar a los abusos al momento de cotizar los trabajos.

Esto es consecuencia de que se han perdido los oficios, dada la desaparición que ha habido desde hace décadas de una parte importante de la pequeña industria, y también, por los nuevos hábitos juveniles de no trabajar ni estudiar, extendiendo la adolescencia a edades avanzadas, viviendo en casa de sus padres y haciendo recaer en la sociedad el peso de su propia vida, y por lo tanto, no se dedican a especializarse en estos servicios que tanto se necesitan.

Esta es una situación compleja que para solucionarla, habrá que cambiar la cultura y la idiosincrasia social actual.

En este sentido, el mutualismo puede realizar un importante aporte brindando el servicio de capacitación en oficios, que en muchos casos, son impulsados y apoyados por los ministerios públicos y como informamos en la página 16 de la presente edición, ya hay una mutual que está marcando un rumbo en este tema.

Evidentemente el panorama no es nada alentador, pero sin embargo, es necesario que hagamos el esfuerzo para cambiar el rumbo de los acontecimientos, deberemos ocuparnos en buscar alguna solución o por lo menos, trazar un camino que conduzca a revertir este proceso y por lo menos desde nuestro sector seguir poniendo el centro en el ser humano. Es probable que revirtiendo la tendencia, podamos encontrar soluciones alternativas que den equidad al sistema económico.

Nelson Mandela decía que “siempre parece imposible, hasta que se hace”, por esto y porque conocemos a nuestros mutualistas y sabemos las dificultades que han vencido, seguimos teniendo la esperanza de un mañana inclusivo y justo y solidario.

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