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Conjunción, no disyunción: Salud y Economía

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Economía Solidaria
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El tema –excluyente, por cierto- sigue siendo el de la pandemia del COVID-19, o simplemente, coronavirus. Día a día seguimos atentamente las cifras de contagiados, recuperados y muertos, de aquí y de otros países, porque aquí sí las comparaciones son necesarias, sirven para cotejar decisiones y resultados, obtener indicadores de control y corregir eventuales desvíos.

La cuarentena –aislamiento social preventivo- es una dura prueba a la que debemos someternos si pretendemos un mínimo de víctimas. Las disposiciones del Gobierno Nacional persiguen ese objetivo, precisamente. Priorizar la vida por encima de todo lo demás puede parecer un lema con resonancia apacible, pero a poco de introducirnos en lo que esa decisión implica comenzamos a reconocer una complejidad que lleva, incluso, a dudar de la rigidez impuesta por los decretos presidenciales.

En parte, la proliferación de versiones en las redes sociales contribuye a confusiones que son, muchas veces, versiones contrapuestas. Por lo común, tienen un origen desconocido, pero tienen la facultad de producir un efecto de credibilidad por el simple hecho de que provienen de un emisor conocido; este encadenamiento suele prolongarse tanto como el virus que se contagia de persona a persona. Aunque también hay mensajes mal intencionados, con oscuros intereses, que buscan instalar una sensación sumamente pesimista, y dan lugar a cuestionamientos de las autoridades que tienen las máximas responsabilidades en los niveles político, social y económico.

Sin embargo, las mentiras tienen patas cortas, suele decirse. La investigación llevada a cabo por el Observatorio de Economía Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, “Pandemia y economía entre la crisis y los consensos. Encuesta de opinión”, y publicado en fecha reciente, arroja claridad a lo que en realidad está pasando en la población.

Se realizaron 699 encuestas a personas mayores de 16 años, de C.A.B.A. y los 24 partidos del Gran Buenos Aires. Las principales conclusiones fueron las siguientes:

  • Casi 9 de cada 10 consultados (87,2%) manifiesta acuerdo con las decisiones tomadas por el Poder Ejecutivo acerca de la pandemia (un 60% muy de acuerdo y un 26% de acuerdo.
  • Particularmente entre los jóvenes, un 80% se expresó como “muy de acuerdo”.
  • Es mayoritaria la opinión que considera que el Estado debe sostener a las Empresas pagando sueldos aún a costa del aumento del déficit fiscal (alrededor de un 85%).
  • De modo específico, casi la mitad de los encuestados (44,2%) sostiene un apoyo pleno, mientras que una porción considerable (39,3%) evalúa que la medida debería aplicarse revisando cada caso (lo cual supone cierto “apoyo condicionado” a la medida).
  • Sólo el 13,3% se opone a esta posibilidad.
  • Más de la mitad (55%) de las personas relevadas colocó a la preocupación como el sentimiento predominante respecto a su situación económica actual.
  • La mayoría de las personas consultadas (64%) percibe que la situación económica empeorará, mientras que sólo un 11% considera que estará mejor.
  • Siete de cada diez personas afirmaron que sus ingresos o los de su hogar se vieron reducidos en el período de vigencia del ASPO.
  • El 40% de los encuestados manifestó dificultades para cobrar su sueldo o el de su familia.
  • Más de la mitad de la muestra relevada (62,4%) ha dejado de comprar algunos alimentos por falta de dinero. Por el contrario, un 34,4% no se vio obligado a alterar sus consumos alimentarios.
  • Se aprecia una correlación clara: el 64,4% de quienes vieron reducidos sus ingresos, dejaron de comprar algunos alimentos.

Este recorte de la encuesta nos permite observar que, pese a la preocupación por su situación económica, la mayoría acepta las medidas de aislamiento, de lo que se deduce que hay una clara comprensión de que el cuidado de la salud comunitaria se impone por sobre intereses individuales.

Asistimos a la tercera guerra mundial, por capítulos, expresó el Papa Francisco. Más mundial que nunca, podríamos agregar, prácticamente no hay país al que no le haya caído este desgraciado virus. Los países centrales, con sus economías arruinadas -al igual que todas las demás- no se quedarán de brazos cruzados mirando hacia adentro, buscarán beneficios en los países menos desarrollados. Y en éstos, el Estado tendrá un rol fundamental, que tanto podrá ser que protejan el interés nacional como que se entreguen a acuerdos aperturistas.

El documento publicado por el Gobierno Nacional, con idea del doctor en antropología Alejandro Grimson, “El futuro después del COVID-19”, se plantea el presente para pensar el futuro; ya pocos dudan de que al final de esta pandemia la “normalidad” será algo muy diferente a lo que conocimos, y muy probablemente, peor. Los intelectuales que participaron de esta “tormenta de ideas” desgranaron múltiples visiones, que permiten asomarse a esa realidad distinta, que nos obliga a prepararnos, de algún modo.

La pandemia es un hecho sanitario, en principio; pero a poco de establecer los impactos que está causando en todo el mundo, el cuestionamiento al sistema capitalista es ampliamente compartido. Empero, como señala el filósofo italiano Franco Berardi, “el capitalismo ha muerto, pero estamos viviendo dentro de su cadáver”. La opinión más generalizada en los artículos del documento se refiere al Estado: rol, presencia, distribución de riesgos, solución única, constructor de sentido, etc. Es posible que esta sea la clave para una nueva estatalidad que fije nuevas reglas para la convivencia comunitaria, que contemple especialmente a la solidaridad, a la igualdad y a la responsabilidad sobre lo que es común, y también al compromiso con lo público, a la idea de servicio, a la relevancia, a la trascendencia, a la honestidad, a la vocación.

No hay, por lo tanto, una oposición economía-salud, como si ambos términos fueran comparables, y quienes postulan el cuidado de la economía por sobre la salud comunitaria, representan lo más oscuro de la sociedad. A lo único que apuntan es a su único y exclusivo interés, tratando de distorsionar el sentido de una política que cubre a todos. El Estado les interesa solamente cuando protege sus intereses.

Para cerrar estas referencias al Estado, nada mejor que recordar estas palabras de Álvaro García Linera: “Cuánto durará este re-torno al Estado, es difícil saberlo. Lo que sí está claro es que, por un largo tiempo ni las plataformas globales, ni los medios de comunicación, ni los mercados financieros ni los dueños de las grandes corporaciones tienen la capacidad de articular asociatividad y compromiso moral similar a los Estados. Que esto signifique un regreso a idénticas formas de estado de bienestar o desarrollista de décadas atrás no es posible porque existen unas interdependencias técnicoeconómicas que ya no pueden dar marcha atrás para erigir sociedades autocentradas en el mercado interno y el asalariamiento regular. Pero, sin Estado social preocupado por el cuidado de las condiciones de vida de las poblaciones seguiremos condenados a repetir estos descalabros globales que agrietan brutalmente a las sociedades y las dejan al borde del precipicio histórico.”

2 Comentarios

  1. veremos,…. el sistema de encuestas y los datos estadísticos se construyen según el interés del que lo solicita, las medias verdades como las mentiras a medias son difíciles de detectar para la gente común, que están pendientes y dependientes de los sistemas comunicacionales incluidos las redes.

    • En los últimos tiempos ha habido abundante información sobre la pandemia y sus impactos, y en este caso me permití dar crédito a una Institución contenida en la Universidad de Buenos Aires. Es cierto, la veracidad de la información depende de quien la emite, y es deseable que siempre la procesemos, antes de digerirla. En mi caso, confío en esta fuente.

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