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La actividad social mejora la calidad de vida

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Dr. Mario F. Bruno
Dr. Mario F. Bruno
Presidente de la Sociedad Argentina de Periodismo Médico; Vicepresidente de la Sociedad Argentina de Cancerología; Presidente del Comité de Cuidados Paliativo de AMA (Asociación Médica Argentina); Presidente del Comité AntiTabaco de AMA Vicepresidente de UATA (Unión Antitabáquica Argentina); Director de los cursos anuales de 1) Periodismo Médico 2) Cancerología, 3) Cuidados Paliativos (AMA); Miembro Emérito de ASCO (American Society Clinical Oncology); Miembro Titular de ESMO (European Society Clinical Oncology); Director Médico de Medicron S.A. (Centro Oncológico)

Las relaciones sociales constituyen una parte esencial de la vida humana. Desde las interacciones diarias hasta las relaciones más profundas y significativas, nuestras conexiones con los demás son fundamentales para nuestro bienestar emocional y físico. Si bien la vida social es importante para el bienestar en todos los momentos, resulta trascendental en la vejez. A través de la vida social se previene la soledad y el aislamiento, que son perjudiciales para la salud tanto mental como física de las personas mayores. La soledad incrementa la posibilidad de depresión, ansiedad, estrés y enfermedades crónicas, mientras que el aislamiento social disminuye la calidad de vida y la autonomía. Este último aspecto, la posibilidad de autovalerse, implica libertad de movimiento y acción, tan preciado en la tercera edad.

En relación a los beneficios para la salud mental, la interacción social proporciona una sensación de felicidad y satisfacción, con lo cual reduce el riesgo de depresión y ansiedad. Las personas con relaciones sociales importantes y saludables poseen una autoestima más alta, y una mayor capacidad para manejar el estrés y las emociones negativas. Además, la vida social tiene beneficios cognitivos. El contacto constante mantiene y mejora la memoria, la atención y el razonamiento. También puede colaborar en la prevención y/o en la demora del deterioro cognitivo relacionado con la edad, como la demencia y el Alzheimer. Por otro lado, la vida social constituye un pilar de apoyo emocional para las personas mayores. Los amigos y familiares dan consuelo, estímulo y asistencia en momentos difíciles. Las personas que tienen relaciones sociales saludables y significativas poseen una red de apoyo a la que pueden acudir en momentos de necesidad.

Los amigos y el sostén social, al reducir el estrés, impactan positivamente en la salud física y mental. Otro efecto positivo de las relaciones sociales es el de proporcionar un sentido de pertenencia y conexión. El sentimiento de constituir parte de un grupo o comunidad da una sensación de seguridad y confort. Esto es especialmente importante cuando nos encontramos en situaciones nuevas o inciertas, como en un nuevo trabajo o en un lugar desconocido. Todo lo expresado, referente a las relaciones sociales, redunda en la calidad de vida, englobando en este término a los niveles biológicos, económicos, sociales y psicológicos en forma individual y comunitaria.

El concepto de calidad de vida de la OMS abarca un campo muy amplio, comprendiendo factores de salud de tipo emocional y física, como ser independiente, contar con relaciones que contribuyan a un mejor desarrollo y que exista relación con el entorno.

En referencia al mayor tiempo de vida, varios estudios han mostrado que la soledad y la infelicidad son tan malos para la salud como el tabaquismo.  Un adulto mayor vive más tiempo si lo hace con vitalidad, manteniéndose activo y estimulado. La vida social es una variable aconsejada por los médicos de todas las disciplinas que atienden a adultos mayores.

En una reciente investigación realizada en China con 28.000 personas y publicada en el Journal of Epidemiology & Community Health, los científicos pudieron confirmar que la socialización frecuente prolonga la vida de las personas mayores. En dicho estudio, la asociación entre la frecuencia de la actividad social y la supervivencia general resultó estadísticamente significativa, circunstancia que permite afirmar que la participación en actividades sociales es un predictor independiente de supervivencia general en personas mayores.

Otro aspecto por demás interesante que confirma este concepto, es un estudio realizado por la Dra. Janet Choi, otorrinolaringóloga de la Facultad de Medicina Keck de la Universidad del Sur de California, que encontró que los adultos con pérdida auditiva que usaban audífonos con regularidad tenían un riesgo de mortalidad un 24 por ciento más bajo que los que nunca los usaban. Ya trabajos previos habían relacionado la pérdida auditiva no tratada con una disminución de la expectativa de vida provocada por el aislamiento social, la depresión y la demencia. Esta reducción en el riesgo de muerte se relaciona con los beneficios que la mejora de la audición aporta a la salud mental y a la función cerebral de la persona, permitiéndole una vida social saludable, en contraposición de la vida de retiro a la que está sometido el hipoacúsico, por la imposibilidad de la comunicación con el resto del mundo.

Adultos mayores activos y con vida social saludables, esa es la meta a conseguir para beneficio de todos.

Ilustración: Matías Roffe

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