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Dengue: enfermedad prevenible que afectó a 135.676 argentinos y mató a 68 durante 2023

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Dr. Mario F. Bruno
Dr. Mario F. Bruno
Presidente de la Sociedad Argentina de Periodismo Médico; Vicepresidente de la Sociedad Argentina de Cancerología; Presidente del Comité de Cuidados Paliativo de AMA (Asociación Médica Argentina); Presidente del Comité AntiTabaco de AMA Vicepresidente de UATA (Unión Antitabáquica Argentina); Director de los cursos anuales de 1) Periodismo Médico 2) Cancerología, 3) Cuidados Paliativos (AMA); Miembro Emérito de ASCO (American Society Clinical Oncology); Miembro Titular de ESMO (European Society Clinical Oncology); Director Médico de Medicron S.A. (Centro Oncológico)

El dengue es una enfermedad causada por un virus que se transmite a través de la picadura de un mosquito: el Aedes aegypti. La hembra del mosquito se infecta al picar a una persona que tiene el virus en su cuerpo (con o sin  síntomas de la enfermedad), y lo transmite al picar a una persona sana. El contagio nunca se produce de una persona a otra, ni a través de objetos. El año pasado se registró la peor epidemia de dengue en Argentina, con récords de casos de muertes. La alarma surge porque la incidencia de casos durante enero 2024 se incrementó un 89%. Durante 2023, a nivel nacional, la incidencia de dengue fue de 38 casos cada 100.000 habitantes. En la región del Noreste (NEA, que incluye Chaco, Formosa, Corrientes y Misiones), fue más de 10 veces superior: 399 casos por cada 100.000 habitantes.  Y la alarma surge, porque durante enero 2024, se pasó de los 38 casos por cada 100.000 habitantes a 72 por cada 100.000, de acuerdo a lo informado por el Ministerio de Salud, situación que puede agravarse aún más, por lo que requiere tomar conciencia y actuar en consecuencia.  

Hay tres variantes del virus, que son las que están afectando a nuestro país, y que se clasifican numéricamente:  DENV-1, DENV-2 y DENV-3. El virus afecta a cualquier edad, pero de manera desigual, con una incidencia mínima en los menores de 1 año, y una máxima  en el grupo de 30 a 34. El principal blanco es la población de 15 a 74 años, y baja en los extremos de la edad. Los síntomas aparecen  entre 4 y 10 días después de la infección y duran de 2 a 7 días. Los más frecuentes son:  fiebre elevada (40 °C), dolor de cabeza muy intenso, dolor detrás de los ojos, dolores musculares y articulares, náuseas, vómitos,  agrandamiento de ganglios linfáticos, sarpullido. Los síntomas del dengue grave suelen presentarse cuando desaparece la fiebre, y son:  dolor abdominal intenso, vómitos persistentes, respiración acelerada, hemorragias en las encías o la nariz, cansancio, agitación, vómitos o materia fecal con sangre, sed intensa, piel pálida y fría, debilidad general. La aparición de  agrandamiento del hígado, hemorragias de cualquier tipo, o cuando los análisis muestran disminución de las plaquetas, el caso pasa a ser grave y requiere internación. Las personas que se infectan por segunda vez corren más riesgo de que la enfermedad se agrave. El diagnóstico se realiza a través de un análisis de sangre, que emplea una técnica de diagnóstico molecular de alta sensibilidad y especificidad, denominada PCR, que permite realizar la detección de todos los genotipos de dengue (1,2,3 y 4) dentro de las 48 horas . El tratamiento es fundamentalmente sintomático. En la mayor parte de los casos, se puede tratar en el domicilio con medicamentos que alivian el dolor. Para aliviarlo se prescribe a menudo paracetamol, pero deberían evitarse los AINE (antiinflamatorios no esteroideos), como el ibuprofeno y la aspirina, porque aumentan el riesgo de hemorragia. Además del consumo de medicamentos, es importante que quien esté   infectado siga una dieta adecuada para combatir los síntomas del dengue y evitar el desarrollo de una enfermedad más grave. Se recomienda beber mucho líquido, consumir alimentos ricos en agua (algunas frutas y verduras) y aquellos que contengan grandes proporciones de vitaminas A y C. La prevención es esencial. Las medidas de prevención individual son de dos tipos, y apuntan a emplear algunas estrategias para evitar que los mosquitos nos piquen.

Quienes tengan la enfermedad deben extremar las medidas para evitar ser picado por otro mosquito, el que se contagiará, y continuará la cadena. Las personas sanas deben emplear frecuentemente repelentes. Además, utilizar ropas claras, que cubra los brazos y las piernas, especialmente durante las actividades al aire libre. Las medidas generales pasan por eliminar los lugares donde se cría el mosquito, que generalmente ocurre dentro de nuestros hogares. La hembra coloca sus huevos en los bordes de recipientes donde haya agua acumulada. Por lo tanto, hay que desechar latas, botellas, neumáticos, bidones de plásticos cortados. Las botellas o baldes hay que darlos vuelta para que no se acumule agua. También limpiar, cepillar y cambiar todos los días el agua de aquellos recipientes que contienen o acumulan agua, como el drenaje del aire acondicionado, floreros y bebederos de animales. Tapar la pileta de natación con una lona, tela mosquitera o guardarla debidamente seca.

Respecto a la vacuna, deberán administrase dos dosis con un intervalo de tres meses. Protege al menos por 5 años sin necesidad de aplicar refuerzos. Puede suministrarse desde los 4 años y sin límite de edad. Está contraindicada para embarazadas, mujeres que están amamantando y personas inmunosuprimidas. Si cumplimos estas premisas seguramente la enfermedad podrá ser controlada y mejoraremos la salud de todos.

Ilustración: Matías Roffe

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