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Una historia de la limpieza

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Felipe Rodolfo Arella
Lic. en Cooperativismo y Mutualismo (UMSA). Magíster en Animación Sociocultural (Universidad de Sevilla). Ex-Presidente del CGCyM. Periodista, docente e investigador especializado en Economía Social y Solidaria, Género y Desarrollo Local.

Nuestras abuelas nos obligaban a lavarnos las manos cuando llegábamos a casa de la misma manera que sus abuelas las obligaban a ellas porque ya los antiguos médicos babilonios, griegos, egipcios y romanos recomendaban la higiene de las manos antes de comer ya que observaron que las manos sucias eran portadoras de enfermedades.

Es una “sana costumbre”, pero que, como otras tantas sanas costumbres dejamos de practicar por diferentes razones personales o sociales. La limpieza no siempre fue una predominancia entre las personas, ni aún aquellas que pertenecían a la nobleza o la alta burguesía. Tenemos que considerar, también, que ni siquiera en los palacios solía haber una instalación sanitaria que permitiera la higiene corporal y que los baños públicos que tenían los romanos y árabes fueron desapareciendo de las ciudades a medida que éstas crecían. Esa falta de higiene entre las personas fue un vehículo propicio para la propagación de las grandes pestes que hubo a lo largo de la historia universal.

Un santo y dos reyes: uno sucio y otro sabio

Por el año 513 el obispo de Arlés, San Cesáreo, redacta una regla para el monasterio de Arlés en el cual estaba recluida su hermana, también llamada Cesárea. Entre las disposiciones del reglamento, Cesáreo hace hincapié en los baños que deben practicar las monjas como una higiene necesaria que hay que tomar sin murmurar. Además, durante el día, luego de las prácticas religiosas, deberán lavarse las manos para realizar sus trabajos y antes de comer.[1]

Alfonso VI el Bravo, rey de León, Galicia y Castilla entre 1065 y 1072 prohibió todos los baños públicos en sus posesiones porque creía que sus soldados eran derrotados por los árabes debido a que se debilitaban al bañarse.

Alfonso X, el sabio, rey de Castilla y León entre 1252 y 1284 dictó las Siete Partidas, un amplio compilado de leyes que contenía prescripciones que iban desde el sistema de gobierno hasta las prácticas sociales. Entre sus disposiciones, el Título 21 “De los caballeros y de las cosas que les conviene hacer” contiene la Ley 5 que establece que a los caballeros (…) débenles hacer lavar las manos antes de comer para que queden limpios de las cosas que antes

habían tocado, porque la vianda cuanto más limpiamente es comida, tanto mejor sabe, y tanto mayor provecho hace; y después de comer se las deben hacer lavar porque las lleven limpias a la cara y a los ojos. Y limpiarlas deben con las toallas y no con otra cosa, porque sean limpios y apuestos, y no las deben limpiar en los vestidos, así como hacen algunas gentes que no saben de limpieza ni de apostura.”

Y la Ley 13 del mismo Título prescribe: Limpieza hace parecer bien las cosas a los que las ven, bien así como la apostura las hace estar apuestamente cada una por su razón. Y por eso tuvieron por bien los antiguos que los caballeros fuesen hechos limpiamente; pues bien así como la limpieza deben tener dentro de sí mismos en sus bondades y en sus costumbres en la manera que hemos dicho, otrosí la deben tener por fuera en sus vestiduras y en las armas que tuvieren, pues aunque su menester es fuerte y crudo Y por eso mandaron los antiguos que el escudero fuese de noble linaje, un día antes que reciba caballería, que deba tener vigilia; y ese día que la tuviere, desde el medio día en adelante, hanle los escuderos de bañar y de lavar la cabeza con sus manos, y echarle en el más apuesto lecho que pudieren haber, y allí lo han de vestir y calzar los caballeros de los mejores paños que tuvieren, y desde que esta limpieza le han hecho al cuerpo, hanle de hacer otra en cuanto al alma llevándole a la iglesia, (…)”

Mutuales y cooperativas escolares

Cuando se reabran las escuelas y comiencen a reactivarse las mutuales y cooperativas escolares, una buena enseñanza que se puede impartir es atender a la higiene personal de los alumnos, principalmente el lavado de manos al entrar al establecimiento, luego de los recreos y previo al almuerzo o merienda.

Un problema que no podemos soslayar en una sociedad que se ha empobrecido,  es la carencia de viviendas con agua corriente y esa práctica de higiene escolar será una manera solidaria de paliar, en muchos, por lo menos mientras estén en el colegio, la carencia hogareña.

Es bueno tener en cuenta que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha establecido metas para alcanzar el desarrollo sostenible en la década de 2030 y que dentro de los objetivos aprobados está el de garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos. El organismo internacional señala que “si bien se ha conseguido progresar de manera sustancial a la hora de ampliar el acceso a agua potable y saneamiento, existen miles de millones de personas (principalmente en áreas rurales) que aún carecen de estos servicios básicos. En todo el mundo, una de cada tres personas no tiene acceso a agua potable salubre, dos de cada cinco personas no disponen de una instalación básica destinada a lavarse las manos con agua y jabón, y más de 673 millones de personas aún defecan al aire libre.

“La pandemia de la COVID-19 ha puesto de manifiesto la importancia vital del saneamiento, la higiene y un acceso adecuado a agua limpia para prevenir y contener las enfermedades. La higiene de manos salva vidas. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, el lavado de manos es una de las acciones más efectivas que se pueden llevar a cabo para reducir la propagación de patógenos y prevenir infecciones, incluido el virus de la COVID-19. Aun así, hay miles de millones de personas que carecen de acceso a agua salubre y saneamiento, y los fondos son insuficientes.”

Estamos, sin dudas, frente a un problema de gran magnitud e importancia que tanto cooperativas y mutuales de servicios públicos y de salud podrían contribuir en su solución coordinando esfuerzos con otros sectores de la comunidad en la que actúan.

Historia del jabón

No se sabe exactamente ni cuándo ni dónde se hizo el primer jabón. Según la leyenda romana el jabón fue descubierto por el agua de la lluvia con que se lavaba debajo de los lados del monte Sapo, junto al río Tíber. La grasa de los numerosos sacrificios animales se mezcló con las cenizas de madera de los fuegos ceremoniales, y los esclavos notaron sus propiedades para limpiar, primero sus manos y luego las prendas de vestir. 
Existen documentos de culturas primitivas que permiten estudiar el origen del jabón. Es el caso por ejemplo de unos tarros de arcilla de origen babilónico alrededor de 2800 a.C., cuyas inscripciones describen la mezcla de grasas hervidas con cenizas. Otra corriente habla de un origen celta del jabón. Sea cual sea su procedencia, de lo que no cabe duda es de que los romanos contribuyeron enormemente a su amplia expansión.   
Las teorías de Galeano, médico romano, fueron fundamentales hasta la Edad Media. Es el primero que nos facilita noticias sobre el empleo del jabón como medio curativo, para la higiene personal o el lavado de las ropas. También observó que la limpieza tenía un efecto curativo en las enfermedades de la piel.

Fuente: https://www.jabonesbeltran.com/historia-del-jabon.html
Ignaz Philipp Semmelweis
(1818-1865)

Médico húngaro de origen alemán, conocido popularmente como el «Salvador de Madres» pues descubrió que la incidencia de la sepsis puerperal o fiebre puerperal (también conocida como «fiebre del parto») podía ser disminuida drásticamente si los médicos desinfectaban sus manos antes de atender los partos en las clínicas obstétricas. Es considerado como el creador de los procedimientos antisépticos.

[1] Pernoud, Regine: La mujer en el tiempo de las catedrales. Gránica Ediciones, Buenos Aires, 1987.

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