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Sobre Economía Social: ¿sabías que…? (parte VII)

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Prof. Oscar Bastidas Delgadohttp://bit.ly/39J1bh0
Consultor en Emprendimiento y Diseño Organizacional. Experto en Economía Social, Cooperativismo, Responsabilidad Social y Balance Social. Whatsapp: +58-424 1725665

Con la Revolución Industrial el capitalismo nace y se proyecta en medio de una turbulencia religiosa con el claro dominio calvinista y puritano de la sociedad inglesa; sus defensores, como supuesto inicial, le establecieron condición de sistema auto generador de soluciones a los problemas que originaría. Efectivamente, cuando Adam Smith y otras figuras liberales le dieron marco teórico al capitalismo, postulaban, por ejemplo, la primacía del mercado sobre el Estado y suponían que los protagonistas privados del mercado, empresarios de la época, estaban imbuidos de una intensa religiosidad tal que los impulsaría a solventar las secuelas negativas de su crecimiento.

Pensaban que los empresarios concederían lógica importancia a la concentración del capital,pero, una vez cubiertas sus necesidades personales, familiares y empresariales, revertirían lo no necesario a favor de los “impactados negativamente por el proceso”, incentivando así el consumo y éste a su vez al mercado mediante en un ciclo económico beneficioso para ellos y sus empresas, la sociedad y, obviamente, el crecimiento capitalista[i].

Con esa condición filantrópica y la buena “administración de lo acumulado” de ese esquema liberal originario, Smith y los suyos suponían que la tarea social y complementaria del mercado sería superar la exclusión social conformando un “cuadro de ganadores”’ en virtud de la supuesta obligación de conciencia religiosa. Esa condición filantrópica no funcionó, la avaricia capitalista hizo que la acumulación llamara a mayor acumulación y la brecha capitalistas – pobreza creció y se extendió al resto del mundo al compás del desarrollo de ese sistema.

Adicionalmente el mercado resultó imperfecto. La concepción de que el libre mercado generaría pleno empleo automáticamente si los trabajadores flexibilizaban sus demandas salariales tampoco se cumplió, los salarios llamaron a más salarios. Con gran realismo, en el siglo siguiente, el economista británico John Maynard Keynes encabezó una revolución en el pensamiento económico al descalificar esa idea con su principal postulado, el libre mercado carece de mecanismos de auto equilibrio que lleven al pleno empleo.

Cierto es que el capitalismo impulsó el crecimiento económico mediante el mercado y la competencia, pero ignoró el alto residuo de excluidos y perdedores: ancianos, niños, desempleados, enfermos y otros con obvias necesidades de asistencia económica y social; las consecuencias fueron una galopante marginalidad social y una iniquidad objetiva: desempleo, pobreza, hambre y otras secuelas. El capitalismo escapó de las manos de sus impulsores[ii].

Definitivamente Smith no acertó, “la economía del goteo ha fracasado, no activa la igualdad”, como bien lo señaló recientemente Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía, “el neoliberalismo no funciona, antes hacía falta llenar varios autobuses para transportar a las 388 personas más ricas del mundo, que tenían lo mismo que 8.000 millones de personas. Hoy bastaría con un microbús para llevar a las 42 personas que concentran la riqueza de esos 8.000 millones” [iii]. Las políticas liberales, neo o no, suman peores consecuencias si son aplicadas por capitalismos de estado como el venezolano actual.

Esas fatales consecuencias del capitalismo generaron reacciones. Los benefactores privados de Smith, portadores de la filantropía señalada y en quienes se colocaba la piedra de salvación del capitalismo, jamás actuaron y sus acciones filantrópicas, producto de la caridad pregonada por los protestantes ingleses que pretendían solventar las consecuencias del capitalismo, no tuvieron impactos.

Al contrario de lo esperado por Smith, la realidad impulsó el surgimiento de otros benefactores, los Estados de las naciones-emblemas del capitalismo que intervinieron y salvaron al capitalismo desnudando a sus defensores. Tres casos emblemáticos del Siglo XIX sirven para confirmarlo:

1.- Gran Bretaña. Patria de la “ortodoxia clásica” y más importante país industrial del Siglo XIX gracias a su Revolución Industrial como viene de verse; ese país debió sancionar una serie de leyes sociales intentando contener el maremoto de miseria generado y hacer menos inhumanas las condiciones de trabajo en minas y fábricas. En esa idea se promulgó, entre 1833 y 1897, una gran cantidad de leyes referidas a seguridad, salud pública, educación, compensación por accidentes de trabajo, limitación legal del trabajo de las mujeres (1844) y fijación legal de un salario mínimo (1896); todas tenían como objetivo enmendar los “excesos capitalistas”.

2.- Francia. El Estado intervendría con aportes que irían desde la constitución de Tribunales de Trabajo en Lion (1806); pasando por leyes de impulsos a proceso como el ahorro escolar (1839), la participación en los beneficios (1842), la limitación legal del trabajo de los adultos (1848); la fundación de la Caja Nacional de Jubilaciones del Estado (1850), la instauración del Derecho a Huelga (1864), la inspección de fábricas (1874) y el establecimiento de la Asistencia Médica Obligatoria (1893).

3.- Alemania. Su conservador canciller Bismarck, preocupado por la experiencia de la Comuna de París (18/03 al 27/05/1871), asesorado por economistas de la nueva escuela histórica alemana, promulgó las leyes de Seguro Social Obligatorio de Enfermedad (1883), de Seguro Obligatorio de Accidentes de Trabajo (1884) y de Seguro Obligatorio de Vejez e Invalidez (1889).

En el siglo siguiente se observarían otras intervenciones estatales en lo social como tablas de salvación del capitalismo que demostraría la incapacidad del capitalismo para realizar el “sueño benefactor” predicado por Smith, destacan: 1.- La enérgica intervención estatal comandada por Roosevelt con sus medidas contra la deflación de precios y el desempleo como consecuencias de la caída de la Bolsa en octubre del 29 y de la Gran Depresión resultante; 2.- los largos paréntesis de intervención estatal con la pretensión de destruir al capitalismo de los socialismos reales; y 3.- la entrada en escena de variadas formas de capitalismo de estado.

La entrada en el escenario mundial del socialismo en la Rusia de los zares y la seguidilla de países que fueron forzados a integrarse a ese sistema luego de la II Guerra Mundial, particularmente en la llamada Europa del Este, a las que se sumaron China, Vietnam, Corea del Norte y otros países como Cuba, tuvieron sus impactos en la historia y el desarrollo de las OESs.

Fuente.


[i] Monaldi, Francisco. Capitalismo salvaje ¡de Estado!. El Nacional, 6/09/98.

[ii] Bastidas-Delgado, Oscar. Capitalismo, crisis y vigencia del cooperativo latinoamericano. Octubre 1998. Mecanografiado, 23 p. Ponencia: Seminario Taller: Promoción de la Salud y la Atención Farmacéutica. El Aporte de Cohan a la calidad de la vida y el bienestar de la comunidad. Medellín, 9 y 10/11/1998.

[iii] https://www.noticiasdegipuzkoa.eus/2018/05/18/economia/stiglitz-cree-fracasado-el-neoliberalismo-e-insta-a-reescribir-las-reglas-de-juego

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