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Situación de la salud en la post-pandemia

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Dr. Mario F. Bruno
Presidente del Comité de Cuidados Paliativo de AMA (Asociación Médica Argentina) Presidente del Comité AntiTabaco de AMA Vicepresidente de UATA (Unión Antitabáquica Argentina) Director de los cursos anuales de 1) Periodismo Médico 2) Cancerología, 3) Cuidados Paliativos (AMA) Miembro Emérito de ASCO (American Society Clinical Oncology) Miembro Titular de ESMO (European Society Clinical Oncology) Director Médico de Medicron S.A. (Centro Oncológico)

El nuevo coronavirus, llamado SARS-CoV-2, es un temible e invisible enemigo que recluyó a prácticamente a toda la humanidad en su casa. Este gran adversario de la población es extremadamente pequeño, con una medida impensada: 70 millonésimas partes de un milímetro. El genoma tiene 29.903 letras, con las directivas necesarias para introducirse en una célula y orientar a sus componentes a efectuar miles de copias del invasor. La diferencia con otros coronavirus es que tiene 4 letras insertadas en su genoma, formando 4 tríos, con una secuencia tal que le otorga altísima contagiosidad y virulencia. Estas cuatro letras, a, u, g, c, (correspondiendo cada una de ellas a la inicial de un compuesto químico con diferentes cantidades de carbono, hidrógeno, nitrógeno y oxígeno), combinadas en la siguiente forma, ccu cgg cgg gca, han matado a cerca de 300.000 personas, desde que se detectó su presencia hasta fecha.

Si bien, todavía estamos amenazados por la pandemia, a corto plazo, estaremos padeciendo una serie de patologías colaterales al COVID-19, que constituyen el tema de este artículo. El estrés post traumático, es una de ellas. Se denomina de esta forma a la afección de salud mental que algunas personas desarrollan tras experimentar o ver algún evento traumático. Este episodio puede poner en peligro la vida, como una guerra o un desastre natural, aunque a veces el evento no es necesariamente peligroso. Quien padece esta afección siente miedo, un miedo ante el cual se desencadena una respuesta de “lucha o huida”. Esta es la forma en que el cuerpo busca protegerse de posibles peligros.

Durante este padecimiento se produce la liberación de ciertas hormonas y aumenta el estado de alerta, la presión arterial, la frecuencia cardíaca y la respiración. Frente a la situación que estamos viviendo, con un desafío a la muerte y un estado de incertidumbre, se va a originar en la población una respuesta de lucha en unos casos, y de huida en otros, que va a llevar a casi todo el mundo a una serie de reacciones diversas, donde nadie queda indemne por muy fuerte que se sea.

Aunque la mayoría de las personas se reponen de los síntomas sin ayuda, habrá muchas otras que sufrirán este trastorno y sus consecuencias. Todas esas personas necesitarán atención de psicológicos, psiquiatras y de trabajadores sociales, imprescindibles para afrontar esta enfermedad. Como este proceso se produce a lo largo del tiempo, no de forma inmediata, los servicios de salud mental deberán permanecer en estado de alerta, durante un período prolongado y perfectamente equipados y dispuestos para la atención de aquellos que continúan sitiándose estresados y asustados, mucho después de que el trauma haya terminado.

En ciertos casos, los síntomas de pueden comenzar un tiempo después de ocurrida la pandemia. Las manifestaciones clínicas del estrés post traumático también pueden aparecer y desaparecer con el tiempo. Entre las principales manifestaciones psicológicas puestas de manifiesto durante las semanas de aislamiento preventivo obligatorio, los trastornos del sueño y los síntomas de ansiedad fueron las más comunes. Pero ¿cuál sería la manera saludable de reaccionar a esta circunstancia extraordinaria? ¿Qué define el borde entre un cambio de hábito personal en un contexto donde todos los hábitos cambiaron? ¿Cuándo la ansiedad es un síntoma y cuándo una reacción lógica frente a la incertidumbre?

La pandemia ha vuelto a poner en evidencia que la psiquiatría trata a un paciente biopsicosocial, dado que factores externos han influenciado en su salud psíquica y física. El segundo de los problemas postpandemia consistirá en la evolución tórpida de otras patologías no relacionadas con el COVID 19, situación originada por la falta de asistencia de pacientes en centros hospitalarios o privados, tanto para la consulta médica como para realizar estudios, por el temor a contagiarse la pandemia. Dentro de estas patologías, se incluyen, las crisis hipertensivas, los accidentes cerebrovasculares, los comas diabéticos, y muchas otras.

La última consecuencia sobre la salud que ocurrirá va a estar relacionada con la saturación de los centros de salud, por requerimientos de atención de pacientes con enfermedades crónicas, la hipertensión arterial, la insuficiencia cardíaca y muchas otras que no concurrieron a la consulta durante la fase aguda de la pandemia, por el miedo al contagio viral.

Advirtiendo sobre las situaciones descriptas, las autoridades sanitarias deberán planificar, como lo hicieron en los momentos más trascendentes, para cubrir las necesidades de salud de la población.

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