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Remotos antecedentes de las organizaciones sociales

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Felipe Rodolfo Arella
Felipe Rodolfo Arella
Lic. en Cooperativismo y Mutualismo (UMSA). Magíster en Animación Sociocultural (Universidad de Sevilla). Ex-Presidente del CGCyM. Periodista, docente e investigador especializado en Economía Social y Solidaria, Género y Desarrollo Local.

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Al encarar este trabajo estuve pensando en la necesidad de aportar informaciones basadas en fuentes consideradas fidedignas y aventar, de esa manera, la habitual repetición sin fundamentos de los orígenes de cooperativas y mutuales. Hechas estas salvedades, invito al lector a que hagamos un rápido recorrido por la historia para rescatar algunos tipos de organizaciones sociales que son la base de las actuales entidades que conocemos como del tercer sector.

Por Felipe Rodolfo Arella

 

Egipto

Las organizaciones sociales siempre aparecen para eliminar o minimizar los efectos de las necesidades. Estas necesidades pueden ser de carácter material (comer, vestirse, trabajar), o de carácter espiritual (respeto y honras para los difuntos, adoración, sacrificios y gratitud a los dioses, de transmisión cultural). Por ello los historiadores encuentran elementos asociativos entre las clases trabajadoras en numerosas comunidades de la antigüedad y también entre los aristócratas y sacerdotes.

 

Sabemos también que las «asociaciones religiosas», agrupaciones libres de personas piadosas, constituían en su seno una suerte de «mutua» para cubrir los gastos de enfermedad de sus miembros; pero aquí se trata sólo de iniciativas privadas. Sobre este punto, como sobre tantos otros, no poseemos sino documentos escasos y de alcance limitado.[1]

 

En el Egipto del Imperio Antiguo y del Imperio Nuevo se produjeron revueltas populares de envergadura: una en el Antiguo y dos en el Nuevo, en los últimos años del reinado de Ramsés III. Durante esos movimientos los trabajadores, siervos y esclavos tomaron el poder generando una verdadera guerra de clases. Dicen Garelli y Sauneron que “en varias ocasiones los obreros que trabajaban en la tumba real se negaron a proseguir su trabajo, protestando así contra las irregularidades sufridas por el ritmo de sus salarios (salarios en especie, de los que vivían directamente) o, a veces, contra los escándalos ocurridos en la obra.”[2]

 

Grecia

En la Grecia antigua también pueden rastrearse algunas organizaciones originadas en las distintas profesiones como modo de formar a los nuevos trabajadores, para defender ciertos privilegios y para celebrar cultos a alguno de los tantos dioses. Los grupos de índole religiosa que actuaban más allá de la religión oficial de las ciudades fueron muchos, aunque no pasaron de ser minoritarios (a pesar de su gran creatividad); la gran mayoría de los griegos se sentían vinculados a sus divinidades y ritos ciudadanos, cuya característica más notoria era que potenciaban la solidaridad grupal.”[3] Al respecto dice otro estudioso: “Es distintivo en estas asociaciones su carácter voluntario. Se entraba en ellas por propio deseo, para encontrarse con un pequeño círculo de amigos. Las asociaciones religiosas más antiguas de Ática agrupaban miembros de un mismo demo (fracción de una tribu), para honrar a una misma divinidad. A partir del siglo IV a.C., aparecen en el Pireo asociaciones de extranjeros agrupados para honrar a su dios nacional, por ejemplo Cibeles, la Madre de los dioses (de origen frigio), o la Bendis tracia. Las cofradías más populares eran llamadas eranoi, una palabra griega que significa comida frugal a la que cada uno aportaba su porción. Los miembros se reunían con una finalidad social y recreativa. Se hacían colectas para ayudar a la liberación de un esclavo miembro, para ayudar a otro a levantar su casa, para redimir a un cautivo, pero también para pagar los festejos que acompañaban al sacrificio anual.”[4]

 

Roma

Los testimonios que nos llegan de la República e Imperio Romano son muchas e interesantes. Antonio Romeu de Armas, en su Historia de la previsión social en España, nos proporciona un pormenorizado informe acerca de las organizaciones sociales de la época y su institucionalización por parte del estado. Inicia su obra este autor con una advertencia: […] atentos a autorizar y fundamentar estas páginas en fuentes precisas y concretas, nuestro propósito estaba de antemano reñido con elásticas elucubraciones sobre nuestros primitivos tiempos, o con hipótesis generalizadoras, sin compulsa previa con el dato o con el documento, que muchos aborrecen por cómoda petulancia, que quieren envolver en aires de filosófico desprecio, pero que son y seguirán siendo la base del rigor científico dentro de la materia histórica.

 

Y aun concretándonos a los tiempos de la dominación romana, forzoso es reconocer que, al rastrear los primeros indicios de la Previsión social entre los humildes y económicamente débiles hispano-romanos, muchas veces hemos de estar al borde de la hipótesis, y un sinnúmero valernos de la comparación, si queremos, indagando entre los áridos y fríos datos que nos suministra la Epigrafía, resucitar el pasado de las instituciones de previsión, en los albores de la historia patria.[5]

 

España, como también Francia y las costas mediterráneas de África son colonizadas por fenicios y griegos que llevaron sus costumbres, sus técnicas y sus instituciones, que pueden considerarse las bases de las instituciones sociales sobre las cuales desarrollarán las suyas los romanos. Cuando comienza la conquista romana sobre España, ya se habían desarrollado grandemente las corporaciones de trabajadores de distintas actividades industriales. Sobre este asunto se pueden consultar las comedias de Plauto. Para algunos investigadores los Colegios por oficios comienzan a organizarse en época de Servio Tulio. Estas asociaciones y colegios profesionales corren distintas suertes: la Ley Julia (años 67 a 64 a.C.) los abolió; poco después, en el 59, Julio César los rehabilita pero los vuelve a prohibir tres años más tarde.

Había en Roma tres tipos de colegios: collegia compitalitia, (cofradías religiosas en los barrios, donde se agrupaba la plebe), sodalitates sacrae (cofradías de carácter piadoso en las que participaban los patricios) y collegia artificum vel opificum (de carácter exclusivamente confesional).

Con los romanos se institucionaliza la existencia de los colegios profesionales, ya que fue necesario que los mismos contaran con la autorización del Senado o de los emperadores para poder funcionar. A partir de entonces esas organizaciones, que eran manifestaciones espontáneas del sentir del pueblo, se convierten en una fuerza y elemento del poder del estado. “No se muestra éste, sistemáticamente, hostil a los Colegios de artesanos, pues muchas vece los Emperadores favorecen y extienden aquellos que limitaban su actividad a lo puramente profesional: tal sucede con Trajano, Marco Aurelio y Alejandro Severo, que les otorgan privilegios, o extienden por las provincias. Mas esta política sirve a las mil maravillas a su obra de centralización, y terminará por constituir a los Colegios en instrumentos del gobierno, obedientes a los fines fiscales de los últimos Emperadores.”[6]

 

Edad Media

Creo que nada de oscuridad ni de quietismo hubo en la Edad Media. Esa etapa de la historia occidental se me asemeja a un enorme caldero en el cual se va produciendo el ensamblaje de costumbres, de culturas, de prácticas sociales de ensayos de gobiernos, que darán nacimiento a una nueva sociedad: la de la Edad Moderna, durante la cual se moldean las ciencias físicas, políticas, económicas y sociales que aún hoy influyen sobre nosotros.

Viejas y nuevas costumbres se mezclan con las que estaban instituidas y entre ellas me interesa destacar las de las organizaciones sociales. Los pueblos “bárbaros”[7] al ir asentándose en el Imperio romano incorporaron y transmitieron sus instituciones y fueron apareciendo las cofradías, hermandades, gremios y guildas en todos los nuevos países que se iban formado.

La convulsión generada con la desorganización de las instituciones romanas y el constante ir y venir de hordas armadas que buscaban un asentamiento en algún lugar, hizo insegura la vida en las ciudades y en el campo.

 

Con esta apretada reseña he pretendido aportar antecedentes sobre el proceso natural, podría decirse, que han seguido los pueblos en distintas épocas y lugares para hacer frente a las vicisitudes de la vida. Ese movimiento espontáneo de autoayuda y solidaridad dio surgimiento a un andamiaje jurídico que con distintos enfoques llegó a nuestros días. Cabe advertir, porque lo considero importante, que primero estuvo la acción y luego la regulación por parte del estado a los efectos de poner orden, evitar conflictos e impedir tergiversaciones.

 

Notas:

[1] Garelli, Paul – Sauneron, Serge: El trabajo bajo los primeros estados; Barcelona, Grijalbo, 1974, p.133.

[2] Íbid.: p. 137.

[3] Díez de Velasco, Francisco: La religión griega antigua – Una visión general.

[4] Sanz, Rafael: Las cofradías religiosas en el mundo griego

[5] Romeu de Armas, Antonio: Historia de la previsión social en España; Cofradías – Gremios – Hermandades – Montepíos; Ediciones “El Albir”, S.A., Barcelona, 1981, p. 9.

[6] Rumeu de Armas, Antonio: op. Cit. P. 13

[7] Bárbaro: Relativo a todos los pueblos, incluidos los romanos, que no pertenecían a la civilización griega; individuo de dichos pueblos. (Más tarde, los romanos se asimilaron ellos mismos a los griegos. La historia ha denominado bárbaros a los godos, vándalos, bungundios, suevos, hunos, alanos, francos, etc., que, del s. III al s. VI de la era cristiana, invadieron el imperio romano y fundaron estados más o menos duraderos.) Diccionario Enciclopédico El Pequeño Larousse Ilustrado, 1997.

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