Hoy es difícil imaginar a Pierre Rosanvallon escribir en 1976: “Francia ha entrado en la era de la autogestión”. Sin embargo, un número impresionante de libros, revistas y un aluvión de actividades locales, políticas y sociales, nos hicieron vislumbrar por un momento la posibilidad de una Francia autogestionada. Las esperanzas se desvanecieron. El movimiento no creció tanto como se esperaba. De esta época queda la historia de la primera experiencia francesa de autogestión: la huelga de los trabajadores de LIP.
Una breve historia de una empresa de Franc-Comtois:
La historia de Lip tuvo comienzo en 1807 en Besançon, con la creación por Alfred Lipmann de un cronómetro-reloj. En 1976, el joven Emmanuel Lipmann fundó el primer taller con este nombre. Innovadora, la empresa crecia poco a poco hasta convertirse en 1931 en “Lip, société anonyme d’horlogerie”. La fábrica empleaba a 350 personas y producia 3.500 relojes al mes. En las muñecas de los grandes, desde Napoleón hasta Charles de Gaulles, pasando por Winston Churchill, Eisenhower, Johny Halliday y Bill Clinton, la edad de oro de los relojes Franc-Comtois parecia eterna. Sin embargo, las primeras dificultades llegaron en los años 60, cuando la creacion de los relojes de bajo coste limitó las salidas comerciales de la empresa. LIP fue cediendo poco a poco ante la competencia. En 1967, fue necesario abrir el capital al consorcio relojero suizo “Ebauche SA”. Pero los problemas no se quedaron ahí, los relojes LIP tradicionales quedaron rapidamente obsoletos con la llegada de los nuevos de cuarzo. Es la “crisis del cuarzo”, cuando Fred Lip es excluido de su empresa, agradecido por la nueva administración. Finalmente, el 17 de abril de 1973, la marca entra en quiebra.
El comienzo de la lucha:
Mientras el accionista mayoritario suizo nombra un administrador provisional para llevar a cabo la reestructuración de la fábrica, el comité de acción de los trabajadores se organiza para negociar el mantenimiento de los puestos de trabajo. En el 59º día de lucha, tras una sucesión de acontecimientos increíbles, la resistencia cambió de tono. El 12 de junio se celebró una reunión extraordinaria en respuesta a las reiteradas peticiones de información del comité de acción. Los administradores fueron tacaños con sus explicaciones, pero los trabajadores consiguieron informarse con una nota secreta. Se había previsto el despido de 480 personas. El administrador Laverni fue secuestrado, y un registro de las oficinas reveló que la dirección también pretendía suprimir la escala móvil de salarios para congelarlos. Esa misma tarde los trabajadores ocuparon la fábrica y requisaron un stock de 45.000 relojes. Fue el comienzo de la epopeya de la autogestión.
“Lip da la hora exacta a los que ponen su reloj a 68”
El movimiento social estuvo fuertemente influenciado por el espíritu de mayo de 1968. El comité de acción, que se formó en abril de 1973, es un legado de esto. Sobre todo, el 18 de junio, cuando la asamblea general decidió reanudar la producción bajo el control de los trabajadores para garantizar un “salario de supervivencia”; además fue un elemento esencial del movimiento revolucionario de 1968 que se puso en práctica. Los eslóganes “es posible: fabricamos, vendemos, nos pagamos” pronto resonaron en toda Francia. El Comité de Acción y las asambleas generales eran las herramientas de una democracia obrera que se inventaba a diario. Los olvidados por la acción sindical lograron encontrar su lugar dentro del movimiento. Las mujeres desempeñaron un papel especialmente decisivo, algunas de ellas incluso se impusieron junto a los líderes.
Los numerosos intentos de mediación y evacuación por parte del CRS fracasaron, pero la producción continuó. El 29 de septiembre de 1973, se lanzó una gran manifestación en la ciudad, que reunió a 100.000 personas de toda Francia para mostrar su solidaridad. La experiencia de Palente fascinó al mundo intelectual, con activistas sindicales, políticos, asociaciones, periodistas de cine y académicos abarrotando las puertas de la fábrica de Palente.
Fue una victoria, y en febrero de 1974 los acuerdos de Dole, firmados con los sindicatos y el comité de acción, preveían la toma de posesión de la empresa relojera por parte de la European Watchmaking Company. Los 830 trabajadores fueron reincorporados a partir de marzo de 1974.
La continuación y el fin de una utopía
Claude Neuschwander, nuevo director de la fábrica y activista de izquierda, intentó establecer una nueva dirección. El objetivo era demostrar que era posible aplicar las ideas de 1968 en la gestión de una empresa. Sin embargo, el nuevo equipo tuvo que enfrentarse a dificultades imprevistas. La llegada al poder del presidente de derecha Valery Giscard d’Estaing trastornó las relaciones de la empresa con el Estado. Los proveedores no cumplieron los pedidos realizados y el tribunal de comercio ordenó a Lip que haciera frente a los 6 millones de deudas de la antigua empresa con los proveedores, en contra de lo previsto en los acuerdos de Dole. En abril de 1976, la empresa relojera europea se declaró en quiebra. Unos días más tarde, “Lip, aquí vamos de nuevo”, los trabajadores vuolvieron a ocupar la fábrica y reiniciaron la producción de relojes. Pero no pasó nada. Lip se liquidó el 12 de septiembre de 1977. Se crearon seis cooperativas. La propietaria de la marca, llamada Les Industrie de Palente (LIP), se transformó en sociedad anónima en 1983, y luego pasó de mano en mano durante una década. Finalmente, Jean-Claude Sensemat tomó las riendas definitivamente. La producción se llevó a cabo en Hong Kong con valores muy diferentes a los del movimiento social. Para Claude Neuschwander, la quiebra del proyecto Lip fue impulsada por el Estado y los empresarios. “Por qué mataron a LIP”, la respuesta es clara: por miedo. El movimiento de autogestión podría haberse extendido a otras joyas de la industria francesa.
Repercusiones
En 1976, Francia no entró en la era de la autogestión. LIP no vivió y no generó un gran movimiento. No obstante, este acontecimiento dejó su huella en el imaginario colectivo y sin duda, permitió que las recientes iniciativas lideradas por los Fralib y sus sucesores vieran la luz. En el contexto actual, en el que la economía financiarizada multiplica los planes de despido, resurge la posibilidad de autogestión, con la fuerza de estos valores.
Los Lips son un símbolo que hay que blandir.
Bibliografía:
« L’affaire Lip, 1973 – Archives de la CFDT ». Consulté le 28 janvier 2022. https://archives.memoires.cfdt.fr/Document-du-moment/p28/L-affaire-Lip-1973.
Ferhat, Ismaïl. « Les dernières heures des Trente Glorieuses ». La Vie des idées, 14 avril 2021. https://laviedesidees.fr/Donald-Reid-L-affaire-Lip-1968-1981.html.













