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Pasado, presente y futuro

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La pandemia del COVID-19, coronavirus, nos sumió en un presente que es como vivir en una pesadilla con los ojos abiertos. La continuidad de nuestras acciones, tanto humanas como institucionales, dependieron de múltiples factores, algunos imposibles de soslayar -como lo fue y es el imprescindible distanciamiento social-, y otros que, apoyados en la ductilidad de métodos de trabajo, permitieron que se mantuvieran algunas actividades, aun con restricciones.

El teletrabajo, por ejemplo, implementado desde hace ya bastante tiempo, tuvo que ser incorporado obligatoriamente en las organizaciones que tenían condiciones materiales para emplearlo. Si se mantendrán igual las modalidades de trabajo y las actividades virtuales en general, o si se instalarán en forma permanente es por el momento una incógnita que se resolverá cuando cambien las actuales condiciones de aislamiento. Es probable que algunas prácticas se mantengan, y otras volverán a esa “normalidad” que por el momento se ignora cómo será.

Por este aislamiento necesario, inducido por la propia realidad más allá de cuestiones normativas (la obediencia o desobediencia es, en este caso, un acto cuya consecuencia no es tanto el riesgo de recibir un castigo de parte de autoridades competentes, sino el de autoinfligirse un daño que antes que grises, tiene una alternativa drástica: salvarse o morirse), también la imaginación y las decisiones oportunas constituyen otros factores que contribuyen a sostener una cuasi normalidad; y sobre todo un elemento que se ha puesto de manifiesto: la resiliencia, la capacidad de los seres vivos para adaptarse a situaciones complejas que pueden afectarlos de manera significativa. Paradójicamente, la resiliencia del virus se asocia más con una definición química que biológica, porque no tiene capacidad de reproducirse hasta que entra en contacto con una célula viva. No es materia viva, ni muerta. Complicado de entender, dicen los biólogos moleculares.

En cuanto al futuro, mucho se ha dicho y escrito sobre cómo sería el mundo pos pandemia. En un editorial anterior hicimos referencia a la publicación de Argentina Futura, un conjunto de artículos compilados por Alejandro Grimson, con diversos enfoques de sus autores, en algunos casos divergentes, lo que enriquece el debate; no obstante, y como siempre sucede, los extremos no se prestan al debate: unos, por la imposición de un pensamiento único que pontifica en nombre de la “economía”, con absoluto desprecio por la gravedad del contagio que afecta a millones de personas en el mundo; y la otra, la izquierda ortodoxa, que invalida toda idea que no postule el reemplazo del capitalismo por el socialismo, sin incursionar en las causas de las razones que no han permitido que avancen políticamente con sus propuestas, como para instaurar un régimen socialista (lo que es a su entender), sin más.

Entre las posibles consecuencias, al menos en lo inmediato, señalamos algunas:

  • Mayor dependencia de la tecnología, como es el caso de Internet.
  • Cambio en los hábitos de consumo, como en el gasto en vestimenta.
  • Modificación de las pautas horarias en relación al teletrabajo.
  • Incremento de pasajes (fundamentalmente en las líneas aéreas) como consecuencia de reformas para la disminución hasta en un 50% de las personas transportadas.
  • Incremento de la capacitación y educación a distancia.
  • Impulso de sustitución de combustibles fósiles por energías renovables.
  • Supresión de espectáculos públicos multitudinarios y cambios en algunos casos (como el fútbol), trasmitidos por televisión, con presencia de personal mínimo, y distanciamiento de butacas en cines y teatros. En general, cambios vinculados a la distancia entre personas.
  •  Cambio de hábitos sociales, circunscribiendo las reuniones a encuentros familiares, reducidos.
  • Puesta en cuestión de las asistencias sociales y, especialmente, las sanitarias.
  • Incidencias sobre el intercambio de bienes entre países, con posibles desarrollos para el autoabastecimiento de los productos que pudieran generarse internamente.
  • Nuevos y posibles realineamientos a nivel global, particularmente a partir de las influencias que ejercen (y ejercerán) las principales potencias, China y Estados Unidos.

¿Y el pasado? La alteración del orden convencional del título es intencional, las etapas cronológicas que más atención recibieron, en general, son las que ya se trataron. El pasado no se menciona con la misma frecuencia que el presente y el futuro, y no por eso deja de ser importante.

Con respecto al virus, mucho se discutió sobre si fue producto de laboratorio o surgió desde la propia naturaleza, por (mala) manipulación de seres humanos. Lo primero no es fácilmente verificable, la complejidad del virus supera hasta el momento el conocimiento completo sobre su estructura molecular y por dónde entrarle (para decirlo sencillamente) para combatirlo.

Lo segundo, se non è vero, è ben trovato. La humanidad (o al menos, la mayoría) fue siempre depredatoria, en el más preciso de su significado. El homo sapiens llevó a la extinción a cerca de la mitad de las grandes bestias del planeta mucho antes de que los humanos inventaran la rueda, la escritura o las herramientas de hierro.[1] Bien se dice “el hombre, lobo del hombre”[2]. Es cierto que el neoliberalismo, como expresión salvaje del capitalismo, es el depredador por excelencia, pero no puede ignorarse que los sistemas políticos y económicos fueron, son y serán sostenidos por personas, a favor o en contra de otras. El cambio de paradigma no es tan sencillo como pregonan algunos, tanto como oponerse a quienes defienden el status quo y, peor aún, apuntan a una profundización de las diferencias.

Las desigualdades, las injusticias, el sometimiento de la mayoría por una minoría implacable para lograr sus fines, vienen desde el fondo de los tiempos. La pandemia obliga a revisar el cómo estábamos, para anticiparnos a un dramático cómo estaremos, porque si hasta antes de la cuarentena reconocíamos un estado de cosas poco favorable para la equidad y la igualdad, el desafío hacia adelante es muy superior; el día después no será un retorno a la “normalidad”, sino a un escenario sombrío en el que, desde la Economía Social y Solidaria, desde el cooperativismo y mutualismo, deberemos enfrentar con la aplicación concreta y efectiva de los principios y valores que caracterizan a un ámbito social y económico capaz de transformar el mundo.


[1] Harari, Yuval Noah, “De animales a dioses”, Penguin Random House Editorial, Buenos Aires, 2016.

[2] Hobbes, Thomas, “El Leviatán”, Editorial Losada, Buenos Aires, 2017.

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