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Participación de los jóvenes en el mutualismo

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Luis Valladares
Dr. Luis Valladares
Periodista, Locutor Nacional, Contador Público, Lic. en Costos, Lic. en Administración de Empresas, con tres distinciones de la Asociación Médica Argentina y de la Sociedad Argentina de Periodismo Médico, por sus trabajos en la Prevención de Adicciones a las Drogas. Ex-Director del periódico Mundo Mutual y fundador del periódico Mundo Cooperativo.

La preparación de los jóvenes para realizar el reemplazo generacional en las organizaciones de la Economía Solidaria es fundamental para que nuestras mutuales continúen en actividad.

Es imprescindible que nos ocupemos de la transición generacional por tratarse de un hecho irreversible entre la actual dirigencia y los jóvenes que continuarán la obra realizada. Es muy loable la tarea que en este aspecto se está realizando en el sector.

Sin duda que el tema en cuestión requiere el aporte de ambas partes, mutualidad y jóvenes, ya que no es posible transmitirlo de una manera inmediata, sino que requiere un tiempo de dedicación de los dirigentes con experiencia y de la actitud de querer incorporar aprendizaje por parte de los jóvenes, para lo cual, también debe resultarles atractivo.

Hay algo de sagrado en la continuación de la obra de la civilización, que las culturas más antiguas recogieron con naturalidad, por ejemplo para los japoneses es un deber transmitir los conocimientos adquiridos a las nuevas generaciones y los jóvenes se sienten honrados por ser depositarios del mismo. En la cultura occidental actual, en que todo es descartable, se hace difícil la transmisión generacional porque  también hay un tema de Valores perdidos, por ejemplo, habría que rescatar el valor de  la humildad, ya que es necesaria para recibir las enseñanzas y consejos de toda una vida de experiencia. Ya se sabe que quien cree que lo sabe todo, no aprende más, y cuando deja de aprender, comienza a morir, y nada nuevo se puede aportar a quienes piensan de este modo.

Entre tantas cuestiones que se presentan, hay aspectos que precisamente son la resultante del avance tecnológico, como es el caso del reemplazo del ser humano en tareas que tradicionalmente realizaba el hombre, pero que en la actualidad son realizadas por máquinas robots, mediante las que se obtienen en la mayoría de los casos, productos de mejor calidad, mayor precisión y a menores costos, y por supuesto con una significativa menor cantidad de personal.

Pero lo que no son capaces de reemplazar las máquinas es el contenido humanístico, la creatividad y la sensibilidad social que solamente puede tener un ser humano.

Por otra parte, se ha producido un fenómeno que se contrapone a la necesidad de lograr un reemplazo generacional, y que se presenta en el permanente aumento de jóvenes que no estudian ni trabajan, llamados comúnmente los “ninis”.

Es así que otra consecuencia directa es que dentro de 20 años, cuando esas personas que actualmente no estudian ni trabajan, estén en la etapa de lograr la mayor productividad, no podrán hacerlo, porque serán los nuevos “discapacitados laborales”.

El efecto negativo en los ingresos provocado por los llamados “ninis”, no sólo reduce el producto total de la economía debido a una menor productividad laboral, que es el motor del crecimiento, sino que también obstaculiza la obtención de la igualdad.

Si bien históricamente formó parte de la idiosincrasia humana la necesidad de sentirse útil, esto no ocurre en quienes no están preparados para trabajar y que se conforman con subsistir o quedarse a cargo de sus padres o afrontar el sufrimiento en los más desposeídos, que a la vez alimenta un resentimiento contra la sociedad toda.

La importancia de este nuevo fenómeno que se presenta, radica en que precisamente por la acelerada evolución de la tecnología, se hace más necesaria que nunca la capacitación, pero en todos los aspectos, porque además de conocer el manejo de los instrumentos informáticos, es necesario que conozcan la interpretación adecuada de los resultados que arrojan, además de poseer conocimientos de dirección de empresas, de liderazgo, de manejo de personal, del trato que debe brindarse al asociado, y en nuestro sector es imprescindible tener la sensibilidad social necesaria para brindar en forma adecuada los servicios que presta la mutualidad y percibir las necesidades de los asociados.

En la Argentina más del 50 % de los estudiantes que cursan el nivel secundario, abandonan antes de finalizarlo. Y del 50 % que finaliza los estudios, la mitad no continúa capacitándose para obtener un mejor desempeño laboral.

Por tales motivos, adquiere una dimensión superior todo lo que se está haciendo en el mutualismo para estimular a los jóvenes a que se incorporen a nuestras instituciones.

No cabe duda que tiene complejidad la incorporación de la juventud, porque no se trata solamente de que la dirigencia esté decidida a delegar en ellos sus propias responsabilidades, sino que tiene que contarse con la contrapartida de que los jóvenes se interesen por este tipo de actividad, pero además, que se capaciten debidamente para asumirlas.

Tal vez la mutualidad debería llevar a cabo un profundo cambio en las instituciones, y aprovechando la circunstancia de que han desaparecido tantos clubes de barrio en los que se brindaban sanos y constructivos esparcimientos, como los de carácter deportivo, de entretenimientos que mejoraban el razonamiento, competencias, concursos, etc., es necesario hacer un lugar en las mutuales para que los jóvenes concurran a sus sedes, y mientras tanto, vayan asimilando los objetivos que motivan su accionar.

Por supuesto que la decisión y la tarea ya emprendida de capacitarlos es muy loable, pero si bien es lo fundamental para lograr el anhelado reemplazo en el futuro, no debe quedar en la realización de actos periódicos, sino que es necesario atraerlos, para que la mutual sea un lugar al que puedan concurrir libremente, y de ese modo, se les proporciona espacio y motivaciones, que evitan las causas por las que adoptan hábitos que destruyen su salud, sus sueños y su futuro, en lugares inapropiados.

En cuanto a los jóvenes, hoy más que nunca, hay que hacerles saber que cada uno de ellos es el artífice de su propio destino.

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