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Para la economía que viene

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Domingo Godoy
Contador Público Nacional y Perito Partidor, UNC Maestría en Educación en la UM. Especialización FUNDACIÓN KONRAD ADENAUER en Alemania y Diplomado Especializado en Descentralización y Desconcentración en el Institut Internationale D’Administration Publique (I.I.A.P) de Francia. Ex Director del INAES (Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social). Ha realizado publicaciones sobre Economía Política y es autor del "Manual de Economía Social". Ha publicado documentos de esta especialidad.

Resta exponer ahora la situación crítica por la que pasa el país, a partir no ya del Coronavirus sino agravado últimamente por este.

Es este último y por sus consecuencias el que ha motorizado la necesidad de sensibilidad en el gobierno, en la economía y en la población. Solidaridad es el reclamo generalizado.

Por eso, se descubre que la fría transacción comercial buscando el propio provecho, hoy no es aceptable. Es más: es – en cierta forma – repudiada. ¡Por fin! ¡No era necesario que apareciera el Pastor Giménez expoliando a sus feligreses! Hace mucho que varios comerciantes o empresarios tienen la misma conducta y vienen haciéndolo en distintas medidas y circunstancias con la gente. Es el aprovechamiento de las realidades de los más fuertes sobre los más débiles, realizado la más de las veces con la complacencia ideológica de observadores y actores ideológicos. Es todavía, el reinado de los aprovechadores y de los oportunistas sobre los necesitados.

Los que muchas veces se ha hablado de la libertad económica y el mercado sin trabas, hoy muestra su lado de inaplicabilidad. Se reclama el humanismo que le faltó todo este tiempo. Hoy es insuficiente, como siempre lo ha sido, el interés propio reinante en la economía. Hoy se reclama la dignidad en la transacción, el reconocimiento de la necesidad del otro, la importancia de satisfacerla y no solamente de optimizar mis propias utilidades.

Lo que si se debe aprovechar a los fines de un aprendizaje social es lo deleznable del oportunismo del comerciante que busca su propio provecho. Deberán aprender la economía y el comercio que están al servicio y no para satisfacer. El fin es satisfacer necesidades y no maximizar la ganancia propia. El mero lucro materializa la economía y hoy las circunstancias demuestran la fragilidad de esto para el digno sustento de la especie. Se reclama la solidaridad y esta apela a lo social, no a lo individual .Y esto está muy lejos de ser socialismo. La propiedad siempre debe existir, pero en función social. Es lo que faltaba. Hoy amerita su vigencia. Es gracioso que se reclama ecología en el planeta mientras la economía destruye la posibilidad de una vida digna en el ser humano.

Este humano que aprende a los palos plantea la conveniencia de destinar fondos estatales para paliar lo que antes no se pudo o no se supo o no se quiso distribuir. Dejaron al mercado y este en solitario no cura. Por otro lado, se quedó también el Estado solo, que en su débil y gastada “omnipresencia”, también se equivoca. Hoy vemos resurgir a las entidades intermedias, a la silenciosa y discreta economía solidaria, a los responsables protagonistas y formadores del entretejido social como posibles colaboradores y mitigadores de la frialdad económica.

Déjenlos actuar porque todavía falta lo peor. Falta que se enlentezca el aparato productivo, que se frenen los motores industriales, que se paralice la economía y desaparezcan las superutilidades. Ahí veremos que el Estado solo no puede redistribuir eficazmente. Son esas modestas entidades mutuales, cooperativas, ONGs, asociaciones civiles, fundaciones, cooperadoras, clubes de madres o de padres, uniones vecinales, entidades de fomento, etc. las posibles de colaborar en una justa redistribución. La reciprocidad mentada de los cambios se podrá plasmar con actores de este tipo y no con más individualismo.

Reconocerlas formal, legal y fiscalmente como empresas sociales es darles –que lo tienen – carácter de “pymes” y, como tales, se les puede otorgar los beneficios que hoy se están pensando y promoviendo para ellas. Denles a los que están acostumbrados a colaborar, denle atribuciones y recursos a los que siempre auxilian y sirven, a los que saben de esto, no solo a los que siempre estuvieron acostumbrados a jugar para sí mismos. Con control, por supuesto. Mal hará el Estado en sus distintas jurisdicciones, si plantea soluciones desde el punto de vista del mismo error. La solución aún de urgencia – para la desquiciada y deteriorada economía- no debe partir exclusivamente desde la ya probada como ineficaz visión clásica del libre cambio sino desde la factible y práctica visión de la economía humana.

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