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Jorge Pedro Núñez
Licenciado en Cooperativismo y Mutualismo (UNSE). Presidente del CGCyM (2018-2020). Conferencista, docente, investigador especialista en formulación de proyectos.

Esta edición de Mundo Mutual está dedicada, en gran parte, a una conmemoración muy cara a nuestra sociedad: la de la lucha de las mujeres por ocupar el lugar que les corresponde, sin miedos, sin tragedias, sin injusticias, sin menoscabo de su condición; consideración que se extiende a todas y todos, sea cual fuere su propia definición sexual. Argentina exhibe con orgullo una legislación que respeta a todas y todos sus habitantes, y que les otorga derechos que están en sintonía con los avances tecnológicos de este siglo XXI.

Nada mejor que evitar los peros, aunque aquí es necesario que introduzcamos esa conjunción adversativa para referir situaciones que empañan lo positivo que se consiguió en estos años, en materia de género.

En el momento que decidimos que debíamos rendir tributo a la Mujer -así, con mayúscula- comprobamos que en el poco tiempo transcurrido de este 2021 se habían cometido 47 feminicidios; al momento de iniciar el proceso de acumulación de material alusivo, unos pocos días después, la cifra ya era de 55 muertes. Y, para no incurrir en una exposición rayana en la morbosidad, establecimos que no se trataba de exponer estadísticas luctuosas, sino de tomar posición y decir, como todas y todos los que quieren un país sin violencia: BASTA.

En nuestra opinión, la punición de los actos deleznables es necesaria, pero no le devuelven la vida a nadie. Antes que eso, hay una palabra que según parece no está debidamente instalada en nuestra cultura: prevención. Peor aún, no parece interesar en los ámbitos policiales y judiciales, estamentos que no consideran que tienen la obligación de atender las denuncias, y terminan convalidando, por inacción, las tragedias que nos resistimos a naturalizar.

No es solo una cuestión de género, sino de postura ideológica. La policía y la justicia tienen miembros hombres y mujeres; y cualquiera de ellos, independientemente de su sexo, tienen responsabilidades que, o no les interesa asumir, o no están adecuadamente capacitados para cumplir con el rol que la sociedad espera y necesita.

En este punto no puede omitirse la responsabilidad política, que no es atributo exclusivo del Poder Ejecutivo Nacional, sino también de los representantes de los ciudadanos en todos los niveles de gobierno: legisladores provinciales y nacionales, en particular, que obturan los controles y las reformas de los ámbitos antes mencionados, los policiales y los judiciales.

El punto más dramático lo constituye lo que se acaba de referir, pero no es lo único. Un estudio reciente del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos concluye, entre otras cuestiones, que por cada 100 pesos que gana en promedio un varón, una mujer gana 79; mientras 8 de cada 10 hombres de entre 34 y 64 años participa en el mercado laboral, solo 5 de cada 10 mujeres de ese rango etario lo hace; en el área de salud, por cada 100 pesos que gana en promedio un varón, una mujer gana 89; también hay desigualdad en las tareas domésticas, ya que 5 de cada 10 varones realizan tareas del hogar, mientras que la relación en las mujeres es 8 de cada 10.

La lista de desigualdades no se agota en estas realidades, y son suficientes como para concluir en la importancia del compromiso de hombres y mujeres, juntos, para terminar con este flagelo, y establecer las bases de un país justo, pero justo en serio, combatiendo la hipocresía en la que es común escuchar que la víctima, “de algo será responsable”. Nuevamente, BASTA.

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