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Economía Solidaria
Economía Solidaria es un medio de prensa especializado en el sector cooperativo y mutual argentino que intenta reunir las noticias más relevantes del campo asociativo, en beneficio de su fortalecimiento, integración y visibilidad.

En medio de esta pandemia de COVID-19 -referencia inevitable ante un acontecimiento inusual, el “cisne negro” de este siglo- mientras un ejército de científicos está en la búsqueda de una vacuna, o al menos de un medicamento paliativo, muchos teóricos están abocados a imaginar una “nueva normalidad”. Todos coinciden en que el futuro pos-pandemia no será igual, y algunos hablan de una “nueva normalidad”, pero, como se preguntaba el Dr. Luis Coto Moya, vicepresidente del Comité Consultivo del Sistema de la Integración Centroamericana (Costa Rica), en un reciente conversatorio, ¿qué tipo de normalidad teníamos? Y, en consecuencia, ¿a qué nos estaríamos refiriendo con una “nueva normalidad”?

Si por normal entendemos un estado de cosas sobre el cual existe un determinado consenso, esto no implica que, necesariamente, lo caractericemos como bueno o malo; para aquel que se beneficie de un hecho social o económico será bueno, y si sucede lo opuesto, será, lógicamente, malo.

La descripción, ciertamente maniquea, nos permite introducirnos a la consideración de que la realidad, lo que nuestros sentidos perciben como lo verdadero, lo cierto, por oposición a lo fantástico, nos somete a múltiples y cuantiosas interpretaciones, y es a partir de este punto que se constituye lo complejo, en tanto interrelación de elementos diferentes que componen sistemas como resultado de una complicada red de operaciones simples.

Poner a prueba la normalidad en la que vivíamos, más que trabajoso, es imprescindible para afrontar lo que vendrá, no como un producto que se instalará de la nada, sino como resultado de procesos sociales que comienzan a dirimirse en el presente, en un escenario de intereses y tensiones entre distintos actores, tanto del sector privado como del Estado.

Del Estado, hoy estamos en condiciones de mencionar muchas decisiones que favorecen a la mayoría; la prevención y la protección social son dos de los rasgos más destacados, y es deseable que además de perdurar, mejoren en todo aquello que sea posible y necesario. Del sector privado, destacamos la labor y presencia de las organizaciones sin fines de lucro que conforman el espacio de la Economía Social y Solidaria (ESS). Suele repetir el Ing. Mario Cafiero, presidente del INAES, que las mutuales y cooperativas tienen un gran capital que, cuanto más se consume, más aumenta: la confianza. Es un oxímoron impecable para graficar la importancia de las organizaciones de la ESS. Y de las empresas de capital, sean pymes o grandes empresas, recibimos el potencial de la producción y el trabajo que completan el cuadro de la economía global.

Desde este espacio que habitamos, el de la ESS, en este presente tan duro, expresamos nuestro convencimiento que de esta crisis -cóctel de la herencia neoliberal y de la pandemia del coronavirus- se sale con el impulso de más y mejores empresas sin fines de lucro. La puesta en marcha de las Mesas de Fomento del Asociativismo y la Economía Social por parte del INAES, constituye una iniciativa de gran importancia para impulsar el desarrollo de las economías regionales. La convocatoria abarca el espectro esencial de una economía para las personas, tanto a las empresas de la ESS (cooperativas, mutuales, asociaciones civiles), como a los gobiernos de orden local y provincial. De esta articulación deberían surgir acciones concretas, considerando un programa necesariamente ambicioso, que atraviesa temas fundamentales para el desarrollo comunitario: alimentación, salud, vivienda, educación, cuidado de personas, violencia en todas sus formas, residuos y reciclado, finanzas sociales, etc. Prácticamente no hay nada de lo que importa a la comunidad que haya sido omitido.

Las mencionadas son formulaciones que ya están siendo llevadas a la práctica. La idea prendió en distintos lugares del territorio nacional. En esto, vamos bien. Pero hay otra cuestión a considerar, y es que los organismos oficiales tienen dos componentes esenciales: el político, representado por las autoridades que los conducen, y el administrativo, integrado por personal de planta permanente y contratos periódicos, algunos renovables a su finalización.

En esta pandemia muchos procedimientos se adaptaron a un contexto en el que, fundamentalmente, gran parte de la población económicamente activa reemplazó su presencia física por el trabajo a distancia. Los recursos tecnológicos disponibles proporcionaron una solución que tal vez, en algunos casos, se mantengan en el futuro.  Puede asegurarse, entonces, que no hubo trabas para una gran cantidad de trámites. Y si las hubo, no fue por efecto del régimen de aislamiento, sino por factores endémicos que influyen sobre los procedimientos regulares que deben (deberían) fluir. El cambio de autoridades políticas puede garantizar la adopción de políticas públicas acordes a las necesidades de la comunidad, pero si las líneas de intervención subordinadas obturan, paralizan o desvirtúan los requerimientos de las organizaciones, corren el riesgo de que aquellas se conviertan en letra muerta. Recientemente hubo un caso, el de una federación de cooperativas de vivienda, de larga y digna trayectoria, que no vio cumplido en tiempo y forma que le fuera entregado el certificado de elegibilidad, en el INAES, para un trámite de financiamiento como el que exigía el Banco de la Nación Argentina. No cabe responsabilizar al Presidente, que es un hacedor constante de políticas de desarrollo, pero alguien tiene que responsabilizarse por inconvenientes de ese tipo. Y cabe recordar que la oferta de esa línea crediticia del BNA vence el 31 de julio. Detalle para tener en cuenta.

Habrá una nueva normalidad que no se establecerá por sí sola, ni espontánea ni mucho menos mágicamente. Será fruto del trabajo del Estado con las organizaciones de la ESS, y en ambos lados hay y habrá responsabilidades para que esa nueva normalidad integre todos los factores de interés de la comunidad, en dirección a una sociedad con mayor justicia social y desarrollo económico armónico.

Entonces sí, esa será la normalidad que nos merecemos los argentinos.

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