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La solidaridad como valor cumbre de las Organizaciones de la Economía Social

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Prof. Oscar Bastidas Delgadohttp://bit.ly/39J1bh0
Consultor en Emprendimiento y Diseño Organizacional. Experto en Economía Social, Cooperativismo, Responsabilidad Social y Balance Social. Whatsapp: +58-424 1725665

Aunque el término Solidaridad tiene presencia desde la Edad Media y sirvió como eje al movimiento solidarista francés en el Siglo XIX, no se observaron vínculos entre el curso sobre la solidarité dictado por Gide en el Colegio de Francia y la Escuela Solidaria de economistas presente en un coloquio junto a otras como la Escuela Social y la Escuela Socialista realizado a finales de ese siglo mencionado por Desroche. Su profusa difusión como término lo inicia la Iglesia Católica desde El Vaticano en los años 60s del pasado siglo, de allí su origen también europeo como el de Economía Social.

En una interesante investigación sobre la Solidaridad, Pérez Rodríguez de Vera resalta la adopción de la expresión “solidarietas” con el significado de solidaridad por la encíclica Pacem in terrisde Juan XXIII a propósito de las reflexiones sobre la verdad (1963) y la encíclica Populorum progresio de Pablo VI con su análisis de la solidaridad como un hecho (1967). Agrega la adopción del término como centro de la Doctrina Social Católica y elemento nuclear de la sociedad actual por Juan Pablo II, la exhortación a crear movimientos de solidaridad de los hombres del trabajo y con los hombres del trabajo de la encíclica Laborem exercens (1981), resalta que la Sollicitudo rei socialis (1987), es considerada la encíclica de la solidaridad (1987) y que Centesimus annus examina la solidaridad como principio de organización social” (1991) [1].

La amplia difusión del término en el último cuarto del siglo pasado, unida al surgimiento de novedosas formas organizacionales propias de enfrentar necesidades sociales por parte de numerosos colectivos en riesgo de exclusión social en Francia, España y algunos países iberoamericanos, así como la necesidad de variados activistas y autores con influencia católica de distinguir sus experiencias con el valor solidaridad, hace que el término Economía Solidaria aparezca en el discurso de las ciencias sociales y en el imaginario de la sociedad desde ese lapso.

No es casual que el impulso a este término provenga entonces de cristianos de movimientos de base tanto en Europa como en Canadá y América Latina y adquirido mayor presencia luego de la crisis del modelo de estado benefactor y el derrumbe del socialismo real. Es de recordar que el término se proyectó mundialmente en los 80s gracias al movimiento obrero polaco Solidarnosc impulsado por Lech Walesa, movimiento que facilitó la caída del régimen pro-soviético en un país con altísima densidad poblacional de católicos.

La Solidaridad es un valor que no se decreta, hay que construirlo. Involucra el sentimiento de ayuda mutua o un deber asistencial. La palabra se relaciona con solidez

La Solidaridad es un valor que no se decreta, hay que construirlo. Le Petite Larousse Illustré señala la Solidaridad como “dependencia mutua entre personas”, agregando que involucra un sentimiento que impulsa a las personas a establecer ayuda mutua o un deber asistencial hacia las personas en peligro. En un sentido etimológico aparece en un lenguaje jurídico en el S. XV como “siendo común a muchos, cada uno responde por todos”, afirmación ésta que de alguna manera aborda el tema de la dependencia reciproca; por extensión la palabra se relaciona con solidez.

Las acepciones son tan variadas como los temas frecuentes con los que se relaciona: bondad, generosidad, amor, caridad, ayuda mutua, respeto mutuo, tolerancia justicia; a niveles coloquiales se utiliza hasta para referirse a los precios justos de ciertos restaurantes, calificar un seguro o expresar un pésame. Una expresión sencilla de solidaridad está en lo que en el mundo de las leyes se denomina la obligación solidaria en la que, con la sola exigencia de resarcimiento de un préstamo a uno solo de los deudores, éste se obliga “solidariamente” y responde por todos, extinguiéndose la obligación de exigirle al resto.

Javier de Lucas en su libro El Concepto de Solidaridad[2], reflexiona gramaticalmente sobre él al calificarlo como “sustantivo abstracto formado a partir del adjetivo solidario, derivado a su vez inicialmente de la expresión latina in solidum, que equivale a totalidad, el todo”; lo presenta también como “una categoría específica de relaciones obligatorias, caracterizada por la unidad -integridad del vínculo obligatorio y la pluralidad de sujeto… precisamente las características de las obligaciones solidarias”, categoría jurídica de la que derivará la noción de solidaridad. En cuanto al uso del término por la sociología De Lucas lo señala como un elemento estructural de los grupos sociales.

Según De Lucas, Comte la define como “consenso entre unidades semejantes que solo puede ser asegurado por el sentimiento de cooperación que deriva necesariamente en la división del trabajo …”, mientras que para Durkheim, a quien De Lucas califica como “el teórico por excelencia de la solidaridad”, es “…ante todo, un hecho social que consiste en el consenso espontáneo de las partes del todo social, una particular conexión entre individuos y sociedad que…” supone dos niveles: el psicosocial o vinculación entre las conciencias individuales y las colectivas el estructural – funcional o vinculación entre la posición del individuo y el grupo.

Para De Lucas antes del uso de la solidaridad como categoría científica se recurría a términos como integración, cohesión, socialización u otros; también explora otros términos con los que se ha pretendido sustituir el de la solidaridad como: integración, integración social, cohesión, socialidad, asociación y orden integrativo, comunidad, cooperación y consenso.

La Solidaridad es un valor transformador per se que se encuentra en el tope superior del continuum de los valores propios de las Organizaciones de Responsabilidad Social (OES) que a manera de escalera ascienden desde el más sencillo, está la Solidaridad. Se empina como sinergia de la colaboración, la ayuda mutua, el asociacionismo, el mutualismo y el cooperativismo, los contiene todos, y se amalgama con la confianza y la responsabilidad ya que toda OES nace con una Responsabilidad Social: satisfacer las necesidades de sus fundadores.

No se admite un acto como solidario sin que exista contraprestación, una respuesta acorde con el acto mismo por quien se beneficia de él

Como se afirmó, es un valor que no se decreta, debe construirse, practicarse continuamente; no se admite un acto como solidario sin que exista contraprestación, una respuesta acorde con el acto mismo por quien se beneficia de él. Esto lo hace un “valor-practico”, concreto, verificable, no unilateral como la limosna entregada a un desconocido, ya que se perfecciona en la medida en que la reciprocidad y la responsabilidad mutua se plasman en una comunidad de intereses que la sostenga y desarrolle.

Está presente en infinitas actividades humanas y con mayor razón debería estarlo en las organizaciones que enfrentan problemas comunes, para que un sistema socioeconómico y los entes que lo integren sean solidarios es necesario que la solidaridad como valor esté presente. Sobre él se estableció el término Economía Solidaria, pertenecen a este conjunto aquellas OES que realmente lo construyen, lamentablemente son unas cuantas las que se autodenominan solidarias en las que ese valor brilla por su ausencia, unas no soportarían una auditoría de valores.

Según De Lucas, considerar la solidaridad como principio ético implica afrontar, al menos dos problemas:

“El primer problema es que, en cualquier caso, el fin al que apunta la noción de solidaridad es el apuntalamiento […] de la aparición del nosotros, el colectivo, del grupo: si lo decisivo de la solidaridad es la idea de comunión, de unidad, de reconocimiento de similitudes sin las que resulta imposible el afecto, la ayuda y el esfuerzo y el sacrificio comunes, la insistencia en destacar esos rasgos comunes puede producir efectos perversos, desde la mera invención de los mismos hasta su “hallazgo” en la negación de rasgos “diferentes” y, por consiguiente, el recurso a la dialéctica [3] […] En realidad no hay solidaridad en una sociedad cerrada, pues, en todo caso, se trataría de una relación incompleta de la solidaridad, que no puede ser, simultáneamente, auténtica y excluyente: la solidaridad como motor, por ejemplo, del chauvinismo nacionalista o de la ley del silencio en un grupo criminal, correspondería, desde el punto de vista regulativo, a un planteamiento erróneo”.

El segundo lo plantea así:

“… hasta qué punto cabe afirmar la existencia de tal identidad colectiva en sociedades en las que el grado de especialización del trabajo y la multiplicidad y complejidad de las relaciones sociales provocan tal heterogeneidad que indudablemente se arriesga a perder la integración / identificación / reconocimiento en el grupo: ¿cómo subsistirá la solidaridad en una sociedad plural y atomizada?. La cuestión, […] es cómo dilucidar los intereses de los otros que puedo (y debo) asumir como propios en aras del principio de solidaridad, sin quebrar el respeto a la identidad propia. […] O, ¿hasta qué punto se puede ampliar en esas condiciones el círculo del nosotros?.

Las interrogantes de De Lucas parecieran justificar que el círculo en crecimiento del “nosotros” se detenga en el momento en que aparecen diferencias importantes entre potenciales usuarios del término; los grupos xenófobos y racistas circunscriben el término solo a ellos por defender justamente una identidad que niega la igualdad y la solidaridad cuando en paralelo, contradictoriamente, exigen respeto sin importarles el de “los otros”.

El “nosotros” y “los otros” son clave para precisar la frontera entre los deberes de Solidaridad y las otras exigencias que de ella se derivan, un punto de partida es establecer las diferencias entre las personas como base para el reconocimiento jurídico de la autonomía y la libertad.

De Lucas afirma que[4] “el fin al que apunta la noción de solidaridad es el apuntalamiento […] de la aparición del nosotros, el colectivo, del grupo: si lo decisivo de la solidaridad es la idea de comunión, de unidad, de reconocimiento de similitudes sin las que resulta imposible el afecto, la ayuda y el esfuerzo y el sacrificio común”

Esa precisión no es fácil, De Lucas se pregunta “… hasta qué punto cabe afirmar la existencia de tal identidad colectiva en sociedades en las que el grado de especialización del trabajo y la multiplicidad y complejidad de las relaciones sociales provocan tal heterogeneidad que indudablemente se arriesga a perder la integración / identificación / reconocimiento en el grupo: ¿cómo subsistirá la solidaridad en una sociedad plural y atomizada?.

Ese reconocimiento es condición necesaria e indispensable para la convivencia y tolerancia, fundamento de toda sociedad que pretenda desarrollar la igualdad, la democracia y la solidaridad; él amerita condiciones concretas y perdurables en el sistema de valores adoptado y en la acción de las instituciones, por ello la Solidaridad como valor no se proclama ni impone o decreta mediante instrumentos legales u órdenes, hay que construirlo; no basta con decir “Para efectos de la presente ley denominase Economía Solidaria al sistema socioeconómico, …[5].

En las asociaciones realmente solidarias el reconocimiento del “nosotros” amerita condiciones concretas y perdurables en el sistema de valores que adopten; en las OES debe predominar el vocablo “nosotros” como elemento de integración ya que fortalece el sentido de pertenencia, sinónimo de sentirse parte de algo, se asocia a la satisfacción u orgullo de pertenecer a ese algo, en este caso a la OES concede soporte a la potencial solidaridad.

El sentido de pertenencia tiende a confundirse con el de propiedad, confusión que en el caso de una OES es comprensible y deseable ya que los asociados son sus propietarios. Ambos sentidos son mayores en los fundadores pues ellos transmitieron a la OES sus valores, diseñaron sus procesos, integraron personas a la organización y tejieron redes sociales con proveedores, clientes, comunidades y otras organizaciones, finalmente fueron celosos de su organización, puesta en marcha y funcionamiento, en otras palabras, constituyeron la Fuerza Fundante. En próximo artículo se definirá el Acto Solidario y la Solidaridad como valor.

Fuente: Bastidas Delgado, O.  (2020) La Identidad como guía de Acción de las Cooperativas. Amazon. LA IDENTIDAD COMO GUÍA DE ACCIÓN DE LAS COOPERATIVAS eBook: Bastidas Delgado, Oscar: Amazon.es: Tienda Kindle


NOTAS

[1] Pérez Rodríguez de Vera, Isabel María. Itinerario de la solidaridad desde el pandectas de Justiniano hasta su incorporación en las diferentes disciplinas. https://www.um.es/tonosdigital/znum14/secciones/estudios-21-solidaridad.htm

[2] Ver Javier de Lucas. El Concepto de Solidaridad. Biblioteca de Ética, Filosofía del Derecho y Política. Distribuciones Fontamara, S.A. México, 1998. pp. 13 -35.

[3] El efecto del “reconocimiento de similitudes” y de la “insistencia en destacar rasgos comunes” debería investigarse en numerosos grupos cooperativos donde la vestimenta similar, la rotación en las actividades; el parecerse a los otros haciendo lo mismo, obedece más a una necesidad de aceptación por el grupo, numerosas veces de falsas poses, antes que a la búsqueda consciente de rupturas de obstáculos organizacionales como el de la división del trabajo o el de la dualidad dirigentes -dirigidos que impiden reales aperturas autogestionarias.

[4] De Lucas, Javier. Ob. Cit.

[5] República de Colombia. Congreso de la República. Ley 454 de 1998. Bogotá. Art. 2º.

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