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La sexualidad en tiempos del Covid

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La sexualidad es un aspecto central en la vida de las personas. No solo abarca a la genitalidad sino también: los comportamientos sexuales, las relaciones de la misma índole, y la intimidad; cómo elegimos expresarnos como hombres y mujeres (incluyendo la forma en que hablamos, vestirnos y nos relacionamos con los demás); la orientación (heterosexual, homosexual, bisexual); valores, creencias y actitudes como se relacionan con ser varón o mujer; cambios que pasan a nuestros cuerpos como las etapas de la pubertad, el embarazo o la menopausia; cómo escogemos tener niños; el tipo de amigos que tenemos; cómo sentimos con respecto a la manera en que vemos; quienes somos como personas; y la forma en que tratamos a los demás.

De esta manera concebida, la sexualidad se manifiesta a través de múltiples dimensiones entre las que se incluyen los pensamientos, las fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas y relaciones interpersonales, lo cual implica que se trata de un aspecto múltiplemente determinado por la interacción de factores biológicos, psicológicos y socio-económico-políticos.

Es importante notar que la sexualidad se desarrolla y se expresa de diferentes maneras a lo largo de la vida de forma tal que la de un infante no será la igual que la de un adolescente o un adulto. Cada etapa de la vida necesita conocimientos y experiencias específicas para su óptimo desarrollo. El motor sobre el que asienta gran parte del comportamiento sexual humano sigue siendo el impulso biológico, aunque su forma y expresión dependen de la cultura y de las elecciones personales; esto provoca una gama muy compleja de conductas.

La aparición del Covid19 originado de la nada, provocó muy rápidamente cambios profundos y significativos en nuestra vida, sin darnos tiempo a pensar. A esto se le suma la pérdida del sentimiento de seguridad. El momento que vivimos, junto al confinamiento, está influyendo negativamente en el aspecto psicológico. Por ahora sabemos que el miedo al contagio está en todas partes, y que el virus se transmite por el aire, a través de las micro gotas que expulsamos al exhalar el aliento. La pandemia ha provocado numerosos cambios, entre ellos el de generar una preocupación en el momento del contacto íntimo, que se ve condicionado por el temor al contagio al producirse el acercamiento de uno con el otro.

Esta aprensión suprime el erotismo y el disfrute, reduciendo las relaciones sexuales tanto esporádicas como estables. Existen parejas que han convivido y al empezar a ser menos restrictivo el confinamiento, decidieron separarse por haberse puesto de manifiesto problemas latentes, o bien, porque no han soportado la idea de no tener sexo por miedo al contagio. A la inversa, en otros,  esta situación los ha unido aún más.

El virus nos ha modificado nuestros modos de vida, desde gestos tan elementales como dar la mano, un beso, o un abrazo. La distancia social debemos cumplirla estrictamente para evitar el contagio de unos a otros. El contacto virtual, por más frecuente que se realice, no suplanta en absoluto al contacto presencial. La situación descripta provoca, tanto en mujeres como en hombres, en relación hetero u homosexuales, carencia de deseo sexual, desgano generalizado, dificultad con la excitación, ausencia de orgasmo, y alteraciones de la erección. Como situación común existe más ansiedad que preocupación, una sensación de desconcierto, acompañada de agotamiento, fatiga, desgano, y un estado de ánimo de tristeza parecido a la depresión.

Para intentar contrarrestar esta situación, se busca el placer físico, que solo se canaliza en la comida, hecho que explica el aumento de peso generalizado. En el aspecto sexual, hay una ausencia completa de fantasías, que es suplantada por expectativas que, en general, nunca se concretan, circunstancia que induce a mayor frustración y a una nula satisfacción emocional.

La solución de esta compleja situación pasa, primero, por aceptarla, porque de esta forma seguirá los lineamientos que le indique el especialista. Superado este punto y en una segunda instancia, se debe concurrir a un servicio de  psicoterapia, que estudie cuál es la zona más afectada y comenzar así a trabajar las propuestas para una correcta solución.

Ilustración: Matías Roffe

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