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Jorge Pedro Núñez
Licenciado en Cooperativismo y Mutualismo (UNSE). Presidente del CGCyM (2018-2020). Conferencista, docente, investigador especialista en formulación de proyectos.

Dos noticias con origen en la provincia de Córdoba sacudieron el ámbito de mutuales y cooperativas de todo el país: la detención de Domingo Benso, Gerente General del Grupo Devoto, con allanamientos en distintos puntos del país, y la presunta estafa en la Asociación Mutual Altos de Chipión, que tiene como principal sospechoso al ex gerente, Lucas Martín Priotti.

No nos corresponde abrir juicio de valor sobre lo sucedido, mientras solamente contemos con fuentes de información que no provengan de la propia Justicia. Confiamos en ella y asistiremos a sus veredictos cuando estos se hagan públicos. Mientras tanto, nuestra posición sigue siendo la misma: apostamos a un sistema solidario, con eje en mutuales y cooperativas que contribuyan al crecimiento del país. Recordemos aquel antiguo refrán popular: “Una golondrina no hace verano”.

En el día a día, y a pesar de la pandemia, miles de organizaciones de la economía social y solidaria (ESS) trabajan para que sus integrantes -que son millones en nuestro país- tengan paliativos en esta dura situación que nos ha tocado vivir, como un acontecimiento histórico por lo inusual y terrible por sus características y efectos.

No cejaremos en nuestras prédicas constantes para que mutuales y cooperativas redoblen sus esfuerzos, en una época en la que la inexistencia de lucro es fundamental, ante el aprovechamiento de la crisis por parte de empresas comerciales que acumulan beneficios extraordinarios, a costa de la necesidad y desesperación de gran parte de la comunidad argentina.

Empero, no alcanza con “ser bueno”, también hay que demostrarlo. Y para esto las organizaciones de la ESS, particularmente las mutuales y las cooperativas, cuentan con una herramienta muy poderosa para trasmitir seguridad y confianza: el balance social, cooperativo y mutual.

Basado en los principios mutualistas y cooperativistas, permite que las entidades se muestren ante sus asociados tal y como son; con sus aciertos, y también con sus errores, cuyo reconocimiento no es solo un acto de honestidad, sino la posibilidad de trabajar sobre ellos y transformarlos en actos positivos.

Muchas mutuales y cooperativas de nuestro país lo practican, en un proceso que debe asumirse como lo que es: una radiografía de la acción social ejercida por la organización a lo largo de un año. Las organizaciones de la ESS, así como las empresas comerciales, tienen la obligación de presentar sus balances económicos al finalizar su ejercicio de actividad económica; pero mientras que en éstas el éxito se mide por las ganancias obtenidas, no ocurre lo mismo en la ESS: su fin no es el de tener excedentes, sino el de haber brindado un servicio óptimo a sus asociados. Lo cual no significa que, existiendo excedentes, estos vayan a distribución o a capitalización, según la voluntad de los asociados.

Pero dado que la elaboración del balance social no es obligatoria, sobreviene una sospecha que es muy difícil de enfrentar: las entidades que los formulan cumplen con mayor o menor eficacia con los principios, mutuales y cooperativos, pero, ¿y las que no lo practican? Aunque fuera una cuestión de costo, ¿se justifica que queden expuestas a la sospecha?

En nuestro país hay muchos profesionales preparados para satisfacer la demanda en materia de confección de balances sociales, y si esta aumenta, también aumentarán los especialistas, porque hay centros de formación, como lo es el Colegio de Graduados en Cooperativismo y Mutualismo. También en la certificación de los balances sociales, tal como se exige en los balances económicos.

En esto, el INAES tiene la palabra. Si se exige un balance económico certificado, ¿por qué no un balance social, certificado por un profesional idóneo? Ni siquiera es una cuestión de costos, porque la exigencia puede establecerse a partir de un determinado nivel que contemple volumen de operaciones y cantidad de asociados.

Así es como noticias que referíamos al comienzo no tendrían el impacto sobre toda la comunidad mutual y cooperativa, sino que quedarían limitadas a un suceso judicial, igual que los muchos que suceden todos los días, y que parecen simples anécdotas. Esperamos que esto que está pasando, también lo sea.

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