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La pandemia de la hipertensión arterial

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Dr. Mario F. Bruno
Dr. Mario F. Bruno
Presidente de la Sociedad Argentina de Periodismo Médico; Vicepresidente de la Sociedad Argentina de Cancerología; Presidente del Comité de Cuidados Paliativo de AMA (Asociación Médica Argentina); Presidente del Comité AntiTabaco de AMA Vicepresidente de UATA (Unión Antitabáquica Argentina); Director de los cursos anuales de 1) Periodismo Médico 2) Cancerología, 3) Cuidados Paliativos (AMA); Miembro Emérito de ASCO (American Society Clinical Oncology); Miembro Titular de ESMO (European Society Clinical Oncology); Director Médico de Medicron S.A. (Centro Oncológico)

El pasado 17 de mayo, como todos los años, se llevaron a cabo los actos conmemorativos del día mundial de la hipertensión arterial, establecido por la OMS hace ya 19 años. Estuvieron dirigidos a que toda la población del planeta tome conciencia sobre la necesidad imperiosa de conocer los valores de su presión arterial con el fin de prevenir, diagnosticar, tratar y controlar esta enfermedad. El incremento de personas hipertensas ha crecido en tal proporción que podría hablarse de una “pandemia”, ya que afecta a más de mil millones de personas, cifra que representa a cerca del 40% de la población mundial.

En la Argentina, se calcula que, sobre una población de 46.000.000 de habitantes, tres terceras partes, es decir 34.500.000, carecen de un control adecuado de su presión. Además, el 40% de los hipertensos desconoce que padece esta afección. Estos valores tan elevados muestran que la hipertensión se ha transformado en el mayor factor de riesgo de mortalidad en todo el mundo, esencialmente porque constituye la principal causa de accidente cerebrovascular (ACV), y la segunda causa de infarto de miocardio y de insuficiencia renal crónica.

Si pensamos que las enfermedades cardiovasculares (infarto de miocardio y accidentes cerebrovasculares) constituyen la primera causa de muerte en el mundo, podemos entender la importancia de detectar precozmente los aumentos de tensión arterial mediante los controles periódicos, ya que inicialmente y, muchas veces por años, la hipertensión no trae ningún síntoma. No obstante, va afectando a todas las arterias, aunque principalmente las del corazón, el cerebro y el riñón. Así, luego de trabajar solapadamente durante años, suele manifestarse en forma intempestiva y brusca a través de sus principales complicaciones: infarto cardíaco o ACV.

La forma de prevenir las citadas complicaciones es hacer por lo menos un control anual de la presión arterial, mientras sus valores se mantengan dentro de las cifras consideradas normales: máxima o sistólica: 140 mmHg (denominada popularmente como 14) y mínima o diastólica: 90 mmHg (9). Por arriba de esos valores, tanto sea de la máxima o la mínima o de ambos a la vez, se considera hipertensión arterial. Para que el diagnóstico de hipertensión sea valedero, se requiere que las cifras elevadas detectadas por primera vez sean corroboradas en una segunda toma, efectuada en tiempo prudencial, ya que una detección elevada en una sola toma no puede clasificarse como enfermedad hipertensiva. Es decir, que los valores elevados deben persistir en el tiempo. Una vez detectada la enfermedad, el tratamiento y el control frecuente reducen en forma importantísima la aparición de las complicaciones. Las causas que llevan al desarrollo de la hipertensión arterial pueden estar relacionadas con la herencia (los hijos de padres hipertensos tienen de 2 a 4 veces más posibilidades de padecer presión alta), el sexo y la edad, pero existen causas externas sobre las que podemos trabajar, como el sobrepeso y la obesidad, el exceso en la ingesta de sal y el sedentarismo.

La hipertensión arterial también se da en niños. Diferentes estudios han mostrado que la hipertensión infantil se está volviendo más común y que parte del aumento puede explicarse por la obesidad, en especial la obesidad abdominal. La inactividad, las dietas ricas en azúcar y sal y el exceso de peso se relacionan con nueve de cada diez casos de presión arterial alta en niños y adolescentes. En la mayoría de los casos, al igual que en los adultos, la única señal es la medición misma. Para niños con un peso saludable, la presión arterial debe empezar a medirse a la edad de 3 años. La hipertensión en niños de 6 a 16 años se refiere a la obesidad infantil y a la hipertensión como “hermanos insidiosos” que poco a poco se convierten en un grave peligro para la salud. Se estima que menos del 2% de los niños con peso normal son hipertensos en comparación con el 5% de los niños con sobrepeso y el 15% de los que tienen obesidad. El diagnóstico temprano de la presión arterial elevada es crucial para que pueda controlarse ya sea con un estilo de vida y, si es necesario, con medicamentos.

¿Qué se debe hacer?  En personas sin diagnóstico de hipertensión, las medidas preventivas pasan por control de la presión por lo menos una vez al año; restringir el consumo de sal en la dieta; mantener una dieta saludable y en cantidad adecuada y que sea rica en frutas y verduras y reducida en grasas saturadas; realizar actividad física en forma regular y mantener un peso corporal adecuado.

Los hipertensos, además, deben disminuir el consumo de alcohol, evitar el tabaquismo, tomar diariamente la medicación antihipertensiva en caso de estar indicada, controlar regularmente la presión arterial con la frecuencia que el médico indique en cada caso y visitar regularmente al profesional tratante. La prevención y el control de la hipertensión evitan complicaciones graves futuras.

Ilustración: Matías Roffe

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