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La Educación Mutual y la tecnología

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Dr. Luis Valladares
Periodista, Locutor Nacional, Contador Público, Lic. en Costos, Lic. en Administración de Empresas, con tres distinciones de la Asociación Médica Argentina y de la Sociedad Argentina de Periodismo Médico, por sus trabajos en la Prevención de Adicciones a las Drogas. Ex-Director del periódico Mundo Mutual y fundador del periódico Mundo Cooperativo.

Para la Mutualidad la educación es un postulado irrenunciable. Se ha instalado en el sector la necesidad de no postergar más la enseñanza y difusión de su naturaleza, que debe contemplar la formación de mutuales escolares, con la preparación de docentes especializados en la temática y la promoción de sus Valores.

Pero es difícil ir en contra de la corriente: un mundo tecnológico que se desafía a sí mismo en celeridad, logros y perspectivas.

Si bien la comunicación de las pantallas llega a todos, la realidad es que también nivela para abajo, no crea la cultura del esfuerzo para conseguir los objetivos, y todo está a disposición y ya pensado por otros. Es que la educación no escapa a la cultura de lo instantáneo. Entonces surge una pregunta que desecha el esfuerzo ¿para qué aprender algo si está disponible en Internet?

Sin embargo, es el tiempo que se agrega a una actividad, lo que le da valor a lo que hacemos y está ligado al sentido que se le da a la vida. Esperar algo y realizar el esfuerzo para conseguirlo, construye el interior de las personas aportando lo que es verdaderamente duradero y significativo.

Hay grandes beneficios con los cambios técnicos, pero también quedaron estereotipos instalados que la comunidad científica, los filósofos, los pedagogos, y todos aquellos que ven un poco más allá, se empeñan en alertar y revertir. Entre estos temas está la subestimación de la lectura impresa, sobre todo el libro tradicional, que muchos en su intento de incidir en los jóvenes descalifican porque “no es lo que ellos quieren”. Por eso, hay que tener una firme posición tomada en este tema, y no ceder a lo más fácil, ya que frente a la pantalla hay una actitud pasiva, y la realidad es que no hay nada que transforme una imagen en conocimiento.

Muestran las estadísticas que los jóvenes han perdido el 50% del vocabulario. La tecnología ha desvastado la cultura general, y no hay progreso posible si no hay criterio, si no se piensa, si no se sabe a dónde y para qué vamos, porque no se comprende lo que pasa. La tecnología de las pantallas debiera equilibrarse con la motivación y formación de lectores. Sabemos que el 50 por ciento de estudiantes secundarios no completa el ciclo y a la vez de los que se reciben, también un 50 % fallan en la comprensión de textos. Muchos tampoco saben resolver una regla de tres simple. Para aprender hay que hacer un trabajo, un esfuerzo, por supuesto apoyado por los docentes, o por los padres. La enseñanza no puede ser una parte más del mundo del espectáculo.

Es la lectura en forma impresa lo que da vocabulario, la que despierta la imaginación, la que da comprensión de textos.

Los libros de papel exigen una participación intelectual del lector, a veces un enorme esfuerzo, despiertan la imaginación y desarrollan una actitud crítica y el deseo de mejorar a la sociedad. Leer un libro es un esfuerzo, hay que esperar, hay que releer, hay que comprender.

Todos sabemos que no es lo mismo la lectura en Internet, en la que no hay concentración posible, ya que se termina vagando distraídamente de un lugar a otro y después no se recuerda si se ha leído o no. Se hicieron investigaciones de las que surgen que los lectores de texto lineal entienden más, recuerdan más y aprenden más.

Es verdad que los contenidos en que se adoptan diversos tipos de explicaciones ya sean visuales y auditivas mejoran el aprendizaje, porque el cerebro usa canales diferentes para procesar lo que vemos y oímos. Pero lo cierto que Internet es, por su mismo diseño, un sistema de interrupción, pensado para dividir la atención y no ha sido diseñada para propósitos educativos, a menudo el lector se va de una página a otra en vez de leerlas detenidamente, por eso se debilita la capacidad de comprender y retener lo que se está leyendo, además de ser profundamente adictiva.

Sabemos que sólo los pilotos avezados pueden navegar contra la tormenta, tienen la experiencia, el bagaje de conocimientos y una posición ante la vida. Esos pilotos son los que se necesitan para desempeñarse como educadores en cooperativismo y mutualismo.

En el país hay 1.500 institutos de formación docente, ¿cómo se puede verificar la calidad de su formación? Hay que hacer un esfuerzo para que la carrera docente sea reconocida socialmente y bien remunerada, pero el docente debe conocer en profundidad los contenidos que enseña y tener entusiasmo por los mismos.

La tecnología no es nada más que una herramienta a la que padres y maestros deben poner límites, no es un fin en sí misma ya que este progreso sin la contención de una filosofía crítica, no conduce a la felicidad de las personas ni de los pueblos.

También hay que trasladar estos conceptos a la sociedad en general, y especialmente a los mismos jóvenes que se van a ver beneficiados con la posibilidad de tener una experiencia muy significativa en su vida, como es acceder a la lectura de la manera que sólo los libros pueden ofrecer.

La cultura y la formación de los jóvenes no es un mero entretenimiento, por lo tanto, se debe tomar posición y corregir el rumbo para no condenar a la sociedad y a las personas a un pensamiento dirigido, donde todo esté formulado.

Las ideas se forman con palabras, a menor cantidad de palabras, menos cantidad de ideas, y al no poder expresar lo que se siente, nace la violencia.

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