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La economía social y solidaria pos pandemia

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Mundo Mutual
Mundo Mutual es un periódico mensual de alcance nacional sobre los acontecimientos más relevantes del sector mutualista argentino.

Nadie duda de que el efecto de esta pandemia, con una cuarentena como la que dispuso el Gobierno Nacional, ya está teniendo impactos de magnitud en la economía, y dado que hasta este momento es imposible predecir la finalización de la propagación del COVID-19, sí se puede asegurar que la salida no será sencilla, y por qué no, muy dura.

La priorización de la vida por sobre la economía, sentencia que el presidente Alberto Fernández reiterara permanentemente, se estableció como una cuestión de Estado, y eso fue lo mejor que pudo pasarnos ante un acontecimiento impredecible, incontenible y global.

Quienes impulsan la flexibilización de actividades, en aras de evitar lo que consideran “un perjuicio mayor”, soslayan el hecho de que no hay tal dilema, porque la economía de un país depende de la salud de la población, particularmente de la económicamente activa. Pero he aquí una terrible paradoja: inicialmente, ante una apertura extensa, la economía podría tener un repunte momentáneo, pero de inmediato el proceso de contagio recrudecería con mayor ímpetu, y no solo no se detendría la pandemia, sino que los centros sanitarios se verían desbordados de infectados, y no se podrían atender muchos casos, y la mortalidad crecería de modo exponencial. Peor el (pretendido) remedio que la enfermedad.

La actividad económica quedó restringida a sectores esenciales, como la producción de alimentos y servicios públicos, asumiendo de todos modos que el contacto de personas es un riesgo, pero minimizando al mismo tiempo las posibilidades de contagio, al disminuir drásticamente la presencia en locales y en la vía pública de personas que deben permanecer en sus hogares, aun aquellas que buscan un sustento mediante prácticas informales, de las que se ocupa el Gobierno Nacional, con los recursos disponibles.

Lo que se está poniendo en evidencia es que la organización económica y financiera mundial no será, o no podrá, ser la misma que en el momento previo al desencadenamiento de la epidemia, luego declarada pandemia por la Organización Nacional de la Salud. A la que el presidente Trump acusa de no haberla anticipado, igual que la historia del mensajero que es sacrificado como responsable del mensaje que porta. Sectores insospechados de posturas radicales de izquierda ya están advirtiendo sobre la inevitabilidad de dos cuestiones: una mayor participación del Estado en la economía y las finanzas, y la absorción de las pérdidas económicas mediante la instauración de impuestos especiales a los sectores que concentran la mayor riqueza en cada país.

Para los defensores del establishment esto último es una herejía, total e inadmisible. Para los que impulsamos el desarrollo –en el sentido ecológico, sostenible– de la economía social y solidaria (ESS), mediante la participación de mutuales, cooperativas, organizaciones sociales, etc., este presente es un desafío para los tiempos que vendrán, porque la salida es comercio justo versus comercio especulativo, equidad de género versus discriminación, reinversión de excedentes versus fuga de capitales, etc. Todo esto puede resumirse en aquella frase que pronunciara la que fuera presidenta del INAES, Elvira Castro: “…las cooperativas (y mutuales, agregado nuestro) se diferencian de las empresas de capital en que nunca se irán del lugar al que pertenecen, siempre estarán ahí”. No hay registro escrito de estas palabras que conservamos en nuestra memoria y que reproducimos como homenaje a una luchadora infatigable de la ESS, a poco más de cinco años de su muerte, acaecida en pobreza y soledad, el 8 de noviembre de 2014.

Muchas pequeñas y medianas empresas ya están en serios problemas financieros, por arrastre y por efecto de la paralización en alto grado de la economía a raíz de la pandemia. El Gobierno Nacional dispuso créditos a tasas que van del 19% al 24% anual, con aval de una Sociedad de Garantía Recíproca, como es el caso del Fondo de Garantías Argentino (FoGAr), en especial para el pago de sueldos.

Mutuales y cooperativas son consideradas empresas, y conforme a la clasificación según el volumen de operaciones y la cantidad de personal empleado, son pequeñas o medianas. La cuestión es que –todas las entidades lo saben– la calificación crediticia no puede hacerse de acuerdo con las evaluaciones de riesgo tradicionales; las mutuales y cooperativas no tienen “ganancias”, sino “excedentes”, y no es fácil para los analistas de riesgos adaptar la interpretación: ambos términos no son equivalentes, tienen significados diferentes y solamente un profesional con formación en mutualismo y cooperativismo puede resolver la dificultad.

Lo que plantea una interesante expectativa para mutuales y cooperativas es la anunciada creación del “Banco de Proyectos” del INAES, que tendrá como objetivos la promoción y el financiamiento de iniciativas de la ESS; se instrumentará a través de una plataforma virtual, en la que los proyectos que requieran financiamiento presentarán sus objetivos y necesidades, con el propósito de ampliar las posibilidades para recibir apoyos de organismos del sector público, entidades del sector privado y de la cooperación internacional. Además, la centralización de la información recibida por el INAES le permitirá detectar sinergias entre proyectos similares y/o complementarios, tanto desde el punto de vista sectorial como geográfico.

Esta realización será muy importante para las entidades de la ESS en general, en la medida que el Instituto sea un intérprete efectivo de las necesidades de estas; el término “banco” será muy acertado si se cumple con un rol de financiamiento de proyectos destinados al desarrollo de los distintos ámbitos en que se desenvuelven las actividades de las organizaciones de la ESS.

El Banco de Proyectos es una idea que genera buenas expectativas, aunque debe destacarse que su concepción surgió en un momento en el que las infecciones por un virus, que era conocido en animales, que mutó y pasó a las personas humanas, era una noticia que provenía de una provincia China; todo aquello que parecía tan lejano hoy está aquí, como en prácticamente todo el mundo. Ahora, este giro radical nos obliga a pensar más en la reconstrucción de una vida normal, restañando los daños como si estuviéramos en una guerra, y es de presumir que muchos proyectos apuntarán, fundamentalmente, a restablecer los tejidos de la producción de bienes y servicios. Y es, en este punto, en el que esperamos que el Estado contemple a las organizaciones de la ESS como lo que verdaderamente son: entidades que no persiguen el lucro y que pueden constituirse en motores de la recuperación económica, que todos esperamos, y por la que trabajaremos denodadamente en bien de toda la comunidad.

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