Economía

La desigualdad en el mundo Parte II

Por el Dr. Juan Carlos Vacarezza*

Continuando con nuestro análisis sobre desigualdad, haremos hincapié sobre la educación y la forma de vida según ingresos:

  • 7 % de gente en el mundo vive en condiciones promedio como hace dos siglos.

  • 45 % como hace un siglo.

  • 33 % como hace 150 años.

  • Solo un 15 % goza del nivel de vida promedio que hoy tiene la humanidad.

ARGENTINA INGRESOS EN 2014

ARGENTINA INGRESOS EN 2018

Hay que explicar las causas del fenómeno, que a la vez se potenciarán si la política no introduce cambios en el capitalismo.

  • “Los ingresos de capital están y seguirán estando muy concentrados”.

  • “Aquellos que obtengan altos ingresos de capital y del trabajo serán las mismas personas, lo que exacerbará la desigualdad”.

  • “Los individuos altamente especializados y ricos en capital y en trabajo tenderán a casarse entre sí”.

Para agregar otras opiniones

Autor del libro El gran escape, el británico Angus Deaton es uno de los mayores expertos en economía del bienestar, salud y pobreza a nivel mundial. Distinguido por el uso innovador del análisis de datos de hogares para establecer relaciones entre los comportamientos humanos individuales y los procesos sociales, su trabajo se basa en datos del mundo real para contribuir con el pensamiento económico a gran escala.

Dijo en una conferencia que “los patrones históricos que moldean a los países en desarrollo indican que la desigualdad de ingresos es a menudo una consecuencia del progreso.

Los avances en medicina y tecnología que promueven la vida saludable y permiten escapar de la indigencia son negados a aquellos que no pueden pagarlos. Esto inhibe la movilidad ascendente y amplia la brecha entre hogares ricos y pobres”.

Una de las políticas públicas más importantes orientadas a la infancia, la Asignación Universal por Hijo (AUH), ha cumplido diez años. Se trata de una transferencia de ingresos que ha alcanzado una extensa cobertura sobre los sectores sociales más precarizados e informales en su relación con el mercado de trabajo, y ha procurado alcanzar un mínimo de equidad en relación con sus pares, los hijos de trabajadores formales.

No obstante, esta transferencia de ingresos en el contexto de una economía que no crece, recesiva, estancada en su capacidad de crear empleos y con una sostenida y creciente inflación, se torna claramente insuficiente para evitar el incremento de la pobreza infantil. En este sentido, es importante señalar que hasta el 2017 se conjeturaba que dicha transferencia tenía la capacidad de evitar el aumento de la indigencia, sin embargo, en el último período interanual dicha hipótesis dejó de ser plausible. No sólo se registra un incremento de la indigencia en la infancia de 3,3 p.p. según el último reporte oficial (INDEC, 2018 y 2019), sino que otros indicadores directos de pobreza extrema, como la inseguridad alimentaria, también registraron un incremento muy significativo entre 2017 y 2018.

Según registros propios, el riesgo alimentario extremo en la infancia pasó de 9,6% a 13% en el último período interanual y ello ocurrió pese a la actualización del valor de la AUH y la ampliación de la cobertura alimentaria en comedores escolares y comunitarios que entre 2016 y 2017 se elevó en 5,2 p.p. llegando al 36,1% de la infancia en 2017 y 36,6% en 2018 (Tuñón y Poy, 2018).

En resumen, la actual situación de crisis socioeconómica una vez más está golpeando con especial crudeza a niños, niñas y adolescentes. Es claro que la vida de los niños/as y adolescentes se ve limitada por las condiciones económicas de sus hogares y la situación socio-ocupacional de los adultos de referencia, pero también transcurre y se desarrolla en relación con ciertas estructuras de oportunidades en el espacio de la educación, de la atención de la salud, y en procesos de cuidado, crianza y socialización primaria en los hogares y, a medida que crecen, en la escuela, barrio u otros contextos secundarios.

Con este aporte podemos saber cuál va a ser el destino de una parte de nuestra población si no tomamos cartas en el asunto y no comenzamos a instalar la idea de no inundar con subsidios escasos, sin tener un plan de reemplazo con ingreso al sistema de trabajo para que la producción nos entregue su resultado y eso se transforme en progreso para un país con esta gran deuda social.

*Juan Carlos Vacarezza es economista y profesor de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora.

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