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Grupo De Los Arroyos: tres instituciones, dos provincias, un país

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Alejandro Galay
Periodista, escritor y docente universitario.

Omar Abel Scenna, Gerente General, narra la historia de un modelo de economía social e integración mutual y cooperativa

¿Cómo nace este proyecto?

– Nosotros venimos de varias conversiones, aunque siempre dentro de la economía social, adaptándonos y tratando de subsistir a los constantes cambios que siempre nos han impuesto las reglas de juego y las circunstancias. Nacimos como cajas de crédito en la década de 1960. Esas cajas eran un instrumento de desarrollo muy necesario para las localidades del interior en los barrios de las ciudades. El criterio era tomar depósitos en ese lugar y reinvertirlos ahí mismo en créditos para la gente que los necesitaba y que los bancos oficiales no les otorgaban. Esto a empleados, pequeñas industrias, pymes, etc.

¿Hasta cuándo siguió ese modelo de las cajas de crédito?

En el año 77, ya en dictadura, se impuso que debían transformarse en bancos y el capital que exigía el BCRA era muy alto, por lo que eran muy pocas las cajas que podían transformarse. Así que empezaron las reuniones para ver cómo se resolvía eso. Nos juntamos once cajas de crédito que estaban ubicadas en el sur de la provincia de Santa Fe y norte de la pcia. de Buenos Aires, y formamos el Banco de Los Arroyos.

¿Por qué el nombre?

– Porque precisamente a esa zona se la denominaba antiguamente Pago de los Arroyos, cuando todavía no existían los límites interprovinciales. A las once cajas se le fusionaron otras once delegaciones que tenían estas mismas cajas. Y largamos en el año 79 con veintidós sucursales y de a poco fuimos creciendo de Rosario hacia el sur, pasando por todo lo que es ruta 8 hasta llegar a Buenos Aires, y después seguimos creciendo por el lado de Mar del Plata hasta Tandil, Bahía Blanca, Punta Alta y Neuquén. Así fue que llegamos con el banco a tener un total de sesenta sucursales.

¿Cómo fue el periodo de fusión?

– No fue fácil porque había que adaptar la contabilidad de las cajas, que en ese momento eran un poco informales e individuales. Hubo entonces que juntar la administración y aunar criterios políticos integrando al personal y a los socios.

¿Cómo sigue la historia con el advenimiento de la democracia?

– En 1984 el Banco de los Arroyos crea una fundación educacional que subsistía con el 5% del fondo de educación cooperativa que venía de los excedentes. La fundación cumplió un papel muy importante en materia cultural y educativa.

¿De qué modo se acomodaron a los noventas?

– Ya en el año 1995 se produjo un fenómeno popularmente conocido como “efecto tequila” con fuertes retiros de dinero a plazo fijo de los bancos, y eso significó un inconveniente muy grande porque el dinero estaba prestado a 24 meses o más, y los depósitos estaban a 30 días. Sufrimos un problema de liquidez, que en parte lo solucionamos yendo al Banco Central y llevando los préstamos que teníamos, donde la entidad monetaria tomaba esos préstamos y nos daba para devolver los adelantos. Pero, a la larga, nos quedamos sin depósitos y sin préstamos. Fue un infierno. Esto determinó que al igual que tantos otros bancos quedáramos en una situación muy difícil, y entonces, Roque Fernández, que era el presidente del Central en ese momento, nos sugirió que nos juntáramos pero que no hiciéramos un banco cooperativo grande sino uno sociedad anónima, donde las cooperativas fueran las dueñas, y así esto además permitiera la inversión de capital que nos hacía falta.

Y se reinventaron una vez más

– Nos juntamos 8 bancos cooperativos en iguales circunstancias y formamos el Banco Bisel sociedad anónima. Fue una conversión importante y hasta cambiamos el nombre. Empezamos a llamarnos Cooperativa de Los Arroyos. Pasamos a invertir el capital que teníamos en ese momento en la sociedad anónima para que el banco ejerciera la función financiera. Acto seguido, se transformó la actividad de la cooperativa para no ser solo aportante y comenzamos a facturar con nuevos servicios que teníamos armados, como el de una imprenta y clearing, entre otros, para prestárselos al banco. Empezamos así a hacer, por ejemplo, cheques para el Banco Bisel.

Omar Abel Scenna y el Subgerente General CPN Marcelo Farneda

Llegó diciembre 2001

– Con la salida de la convertibilidad hubo otra corrida de depósitos. Esta fue más cruel porque el Central ya no nos hacía el redescuento de cartera y no hubo socorro externo, así que el Banco Bisel quebró. Nosotros perdimos ahí 33 millones de dólares, al cambio 1 a 1. Así comenzó una nueva etapa de subsistencia y tuvimos que salir a la calle a buscar clientes para brindar los servicios y crear nuevas actividades.

¿Qué implicó ese cambio ya sin el banco?

Cuando perdimos el Banco Bisel, la cooperativa empezó a desarrollar algunos emprendimientos para poder subsistir y otros para proyectarse a futuro. Y así fue que al día de hoy estamos haciendo impresos comerciales para doscientos clientes y cheques para 9 bancos del país, dentro de ellos el Credicoop. Nos especializamos en la impresión de medidas de seguridad siendo la única organización en el interior del país que realiza este tipo de negocio. Además, pre-financiamos construcción de viviendas. Ahora estamos con un proyecto en Rosario por medio de la modalidad de fideicomiso y con la construcción de nichos, donde ya llevamos cerca de 1.200 en toda esta zona a lo largo y lo ancho de 8 localidades.

¿Cómo fue la llegada de la actualidad mutual?

En el año 1997 se nos ocurrió crear una mutual, dado que lo que más sabíamos hacer era vender servicios financieros. La entidad fue creciendo muy de a poco y hoy tenemos once sucursales dentro de la misma zona donde nació el Banco de Los Arroyos. De esa manera, la mutual hace la parte financiera y la cooperativa los emprendimientos y mantenemos la fundación educacional para las áreas pedagógica y cultural, donde trabajamos con cerca de cien establecimientos (jardín, primaria y secundaria) de zonas aledañas, y donde somos proveedores de artículos escolares. Los recursos que genera la propia entidad, como así la captación de depósitos que se realiza en la región, se vuelcan en pequeños préstamos dentro de la misma franja territorial, cumpliendo una importante función social, ya que se logra potenciar a las empresas familiares y pymes de la región para que se desarrollen.

¿Ahí está también la mutual?

Sí, con una proveeduría de artículos del hogar, una segunda actividad que incluso el INAES nos exige tener. Con eso llegamos a localidades muy chicas. Estamos vendiendo termotanques solares, que tienen muchísima aceptación. Es una manera de contribuir, además, con las energías alternativas al cuidado responsable de la ecología.

Sucursal Santa Teresa

¿Cuántos empleados tiene la mutual?

45, casi el doble que la cooperativa.

¿Cómo se integran organizativamente la cooperativa, la mutual y la fundación?

Están las tres manejadas por el mismo Consejo de Administración pero con su contabilidad y parte legal separadas. Y nos hemos sabido complementar en la parte de emprendimientos, la financiera y la educativa y cultural, acá al sur de Santa Fe y norte de Buenos Aires.

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