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Formación de la doctrina mutualista

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Felipe Rodolfo Arella
Lic. en Cooperativismo y Mutualismo (UMSA). Magíster en Animación Sociocultural (Universidad de Sevilla). Ex-Presidente del CGCyM. Periodista, docente e investigador especializado en Economía Social y Solidaria, Género y Desarrollo Local.

Podríamos preguntarnos acerca del por qué no hallamos una bibliografía doctrinaria que marque el rumbo a las entidades mutuales como ocurre con otras instituciones del derecho privado, como las sociedades, las cooperativas, las asociaciones políticas, gremiales, etc., a pesar que el progreso del mutualismo tanto en el ámbito nacional como en el internacional, presupondría la existencia de líneas doctrinarias estatuidas concretamente.

Y no es así. Hay una vivencia natural, un conocimiento, un sentimiento innato de lo que es la ayuda mutua, que parecería nacida con el hombre, llevada por éste en sus genes y perfeccionada con esa espontaneidad instintiva como lo expresara Mabilleau.

La regla fundamental del mutualismo es ser una acción conjunta desplegada en libertad

¿Podríamos pensar, acaso, que el mutualismo es un movimiento improvisado, no dirigido a meta alguna, sin fines específicos ni actitudes concordantes que seleccionen los medios para concretarlos? No. Indudablemente que no es así, ya que esa acción instintiva del hombre hacia la ayuda mutua tiene en sí misma una regla fundamental que no la creo inconsciente sino, por el contrario, producto del conocimiento humano de lo limitado que resulta todo esfuerzo aislado: acción conjunta desplegada en libertad, con el ánimo de colaborar con otro cuando estamos en condiciones de hacerlo, esperando tan solo la acción recíproca de los otros cuando seamos nosotros los necesitados.

No es la comentada una actitud egoísta ni especulativa sino tan solo una postura previsora de un futuro en el cual, cuando solos y acosados de necesidades, podamos encontrar la mano amiga, el pan diario, la ayuda económica, la atención médica y todo aquello que atempere los males morales y materiales que en algún momento de su vida pueden hostigar al hombre. Egoísta es aquel que espera recibir sin dar nada suyo a cambio en ningún momento; el que especula esperando obtener el máximo de beneficios con la mínima inversión.

Características del mutualismo

“Nuestras sociedades de socorros mutuos, son verdaderamente producto espontáneo del instinto. Ni los legisladores, ni los filósofos, ni los sabios de todo tiempo que han contribuido a regularizar sus operaciones, han ejercido influencia alguna sobre su desarrollo. Se han concretado a formular, a medida que han sido compelidos a ello por la opinión pública, los resultados que no habían preparado ni previsto.”

Leopoldo Mabilleau: “La mutualité francaise”

El espíritu mutualista

En el espíritu de un mutualista debe anidar el respeto, la equidad, el amor, la solidaridad, la voluntad de hacer y de dar, la participación constante y una actitud libre que lo enaltezca en la acción y mantenga su individualidad sin sojuzgamiento hacia el grupo. La acción recíproca, ese “hoy por ti, mañana por mí” es lo básico en lo mutual. Sin ella podemos desviarnos fácilmente de la senda, caer en la práctica de la caridad o ser beneficiarios gratuitos del esfuerzo de otros, sean éstos particulares o entes públicos.

Procurar encontrar un hito que en la historia de las instituciones marque claramente el surgir de la ayuda mutua organizada es prácticamente imposible ya que no se puede mencionar ninguna fecha precisa que señale el nacimiento de las mutuales tal como las conocemos actualmente.

Es indudable que las modernas mutuales aparecieron con posterioridad a la Revolución Francesa que proclamó la libertad individual. Ese sentimiento de libertad inculcado al ciudadano junto con el de la democracia dieron como resultado un hombre distinto, que aprendió a descubrir su personalidad aún a costa de destruir las asociaciones que lo protegían pero a las que también se encontraba sometido por no poder entrar ni salir a ellas con plena libertad.

Luego de esa etapa de retroceso en el desenvolvimiento de las asociaciones viene su renacimiento a mediados del siglo XIX, época en la que se inicia un movimiento asociacionista polifacético ya que por entonces van tomando características propias las mutuales, los sindicatos y las cooperativas.

Estas asociaciones tienen ahora un carácter distinto que las antiguas corporaciones de artesanos, comerciantes y obreros en las cuales el concepto de democracia no existía como así tampoco sus integrantes conocían qué es la libertad. La época del siglo XIX es la adecuada para ubicar la organización del nuevo mutualismo ya que es en ella donde el hombre se enfrenta a problemas acuciantes no vividos anteriormente pues se hallaba totalmente desprotegido integrando las masas de trabajadores que vivían perplejos los cambios que a diario producían las máquinas en los sistemas de producción, la creciente despersonalización del hombre, la acumulación de riquezas en manos de cada vez menos individuos y el abandono de la concepción humanista y cristiana por teorías utilitarias que hacían del trabajador un instrumento más al servicio de las empresas.

Necesidades humanas

Cuando el hombre va sintiendo necesidades y comienza a sufrir por no poder satisfacerlas, busca desesperado calmar las mismas a cualquier precio, aún el de su vida. Pero un instinto de conservación lo empuja no en contra de otros hombres ni en contra de sí mismo, sino a favor de aquellos y de sí mismo para que en una acción común, en una asociación de intereses, pueda calmar primero y luego borrar definitivamente esas necesidades que lo enajenaban ante la indiferencia e insensibilidad de quienes en esa lucha cruel y desigual por la vida habían contribuido a ponerlo en la situación en que se encontraba.

Hubo y hay quienes practicaron y practican la beneficencia, la caridad. La beneficencia es un mero paliativo y el abuso de ella, tanto por parte de quien la ofrece como de quien la recibe, denigra la condición humana. Por eso, la virtud intrínseca del mutualismo es la ayuda recíproca, donde debe estar presente el “ayúdate que yo te ayudaré” ya que el sistema no admite el parasitismo ni el redentorismo. Dar para recibir. Tener para dar.

Dijimos anteriormente que el hombre sufre necesidades, pero ¿qué son las necesidades? José Arce, médico, político y diplomático argentino señalaba: “Sufre necesidades el ser humano que no tiene la suma de cosas o de dinero necesario para obtener la suma de cosas indispensables para un standard mínimo de vida compatible con la dignidad humana; comprendidas la habitación, la ropa, los alimentos y el combustible, para una persona, para un matrimonio, o para una familia, según los casos; comprendida la educación de los niños, además de los recursos necesarios para hacer frente al casamiento y la defunción. Cuando falta todo esto, la necesidad es absoluta y total; cuando falta algo de esto la necesidad es parcial. La abolición de la necesidad, en un país, supone que todos los habitantes tienen esa suma de cosas, o el dinero necesario para adquirirlas, sea que ganen con su trabajo, sea que el Estado se los proporcione, por medio de sistemas de Seguridad Social.”

Necesidad, ignorancia, enfermedad y miseria siempre son para el hombre, o realidades que vive o peligros que lo asechan, y es por eso que siempre se ha procurado prevenir y atemperar esos males mediante la unión solidaria de los individuos que buscan, juntos, no sólo solucionar el problema de hoy sino prevenir los que se podrían presentar mañana. Es decir, lograr un poco de seguridad ante las eventualidades del futuro.

Ilustración: Matías Roffé

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