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El pobre, el otro

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Alejandro Galay
Alejandro Galay
Periodista, escritor y docente universitario.

Acaba de salir El odio a los pobres, el segundo libro de Marcelo González Prado, investigador doctoral en Derecho, Psicología Social, Ética Social y Educación. El autor lleva más de 30 años de experiencia en acciones de promoción humana en situaciones de vulnerabilidad social como cárceles, asentamientos precarios y demás contextos socialmente adversos. Ha desarrollado y liderado numerosos proyectos socioeducativos para organizaciones sociales, universidades extranjeras y para la Unión Europea. También, Prado forma parte como experto de la Red de Planificación para el Desarrollo del Instituto Latinoamericano y del Caribe de Planificación Económica y Social (ILPES) de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de Naciones Unidas. Ha creado numeroso material de estudio sobre estos temas, además de ponencias, apuntes, manuales, etc. Aquí nos cuenta sobre su flamante obra, que a su vez comparte para los lectores

¿Qué es el odio a los pobres?

– Resulta hasta chocante hablar de odio a los pobres – aporofobia – cuando en realidad casi todas las religiones y los tratados internacionales de Derechos Humanos proponen la caridad y la ayuda hacia los más necesitados, pero lamentablemente es una nueva realidad que integra la familia de las fobias sociales, como la homofobia, la xenofobia, la islamofobia, etc. El término es nuevo, y si bien proviene de la raíz griega “áporos” que significa “carente de recursos”, pobre, desamparado, que podría creerse emparentado con la Grecia clásica, ve la luz el 1ro. de diciembre de 1995, a instancias de un trabajo de la Doctora en Filosofía Adela Cortina. Esta española se pregunta por qué su país recibe gustoso a turistas extranjeros que aportan divisas al turismo y desprecia a otros extranjeros que cruzan en precarias balsas el Mediterráneo escapando del hambre.

No es la clásica xenofobia

– Obviamente no es odio al extranjero, sino odio al carente de recursos, al que se ve como una molestia, como alguien a quien hay que mantener y construyendo sobre él innumerables fantasías como que es delincuente, que es vago, que vive de planes sociales, que vive de la droga o el alcohol, etc.

¿Cómo sigue esa historia?

Varias décadas después de aquella fecha, en Latinoamérica y especialmente en Argentina, asistimos a numerosísimos casos de aporofobia. Las redes se pueblan de mensajes de odio hacia los áporos porque hacen marchas, porque toman tierras, porque viven de lo que les da el estado, porque roban, etc. hasta se hacen cálculos sobre lo que perciben por planes sociales, argumentando que es preferible no trabajar, que el que produce es castigado y de allí inmediatamente se salta a fantasías como que en otros países no hay pobres, que es preferible irse a vivir afuera, etc. En la vida real la situación no mejora, no sólo porque la ciencia penal incluso dio a luz otro término: “Populismo Punitivo” que implica pedir “paredón y balas” a los pobres o “que se pudran en la cárcel” sino porque a diario vemos expresiones e interacciones hacia los pobres despectivas, discriminadoras, hostiles, agresivas, etc.

¿Cómo se sale del laberinto?

– Cuando se analiza la cuestión, de inmediato aparece la figura del Estado, achacando al gobierno de turno – sea cual fuere – el aumento de los índices de la pobreza, como si fuera el único responsable de ello, de la mano de índices económicos que mezclan trabajo, presupuesto, precio del dólar, inflación, canasta básica, etc. como si unos puntos más en una partida hicieran la diferencia, pero no no la hace. Por otro lado, quienes de manera genuina o interesada proponen una solución hablan de “luchar contra la pobreza” o “erradicar la pobreza” como si se pudiera luchar contra la pobreza sin luchar contra el pobre o fuera un virus, una epidemia o una costra que debe ser removida. Todo lo dicho nos lleva a la conclusión de que no se comprende adecuadamente lo que es la pobreza y no se entiende, que, en definitiva, es una forma de vida, una forma de existencia humana adaptada a situaciones de escasez, no sólo económica, sino social y cognitiva. Sirva como ejemplo nuestra propuesta en el libro, de sugerir a cualquier lector o lectora arriesgado que proponga “erradicar la clase media” o “luchar contra la clase media” a ver que reacción recibe de sus interlocutores.

Junto a Luis Levin, presidente del CGCyM

¿Cómo se relaciona con tu libro?

– Esto nos lleva a la idea de repensar las bases conceptuales, las representaciones y las creencias que albergamos sobre la pobreza y como ellas operan como un contrapiso teórico que en la práctica no nos atrevemos a romper y que damos por verídicos, válidos y correctos, a pesar de que no lo son. La aporofobia, más allá del análisis que realiza el libro sobre sus componentes conductuales y que, en última instancia, descansarían en la ansiedad hacia lo distinto, lo extraño, lo que no se conoce y genera temor porque es lo que sale de “la villa”, “el barrio”, “la toma” (Chile), “la favela” (Brasil) es en realidad una concepción de la existencia contraria a la Dignidad Humana, que iguala a todos los seres de existencia visible, por el solo hecho de ser materia humana que respira.

Dicho fenómeno no funciona igual en todas partes

– Nuestra historia nos recuerda la Conquista Europea y los “Barrios de Indios” que podrían ser los antecedentes de nuestras villas y era donde se permitía a los americanos vivir con los europeos. También la Teoría del Contrato Social de Locke, Hobbes y Rousseau, que fue un constructo fabuloso para derogar el absolutismo de las mentes occidentales, pero que por la mecánica contractual que representa en la creencia de los ciudadanos, los pobres quedarían fuera del contrato. Es que nada pueden aportar a la bilateralidad de este, dado que nada tienen para entregar y por el contrario sólo parecen ser los beneficiarios.

Tu enfoque es entonces más bien sociológico

– El libro encuentra entonces en las representaciones sociales de Latinoamérica ideas, principios y discursos que, actuarían como fundamento de la pobreza, porque obturan e impiden no solo el pleno desarrollo humano, sino las posibles mejoras políticas, proyectos, acciones e intenciones de un trabajo superador. Una sociedad consumista entiende la pobreza sólo como cuestión económica, de allí que crea firmemente que la pobreza se soluciona por ejemplo con donaciones de ropa extraída de roperos que rebalsan prendas de temporadas pasadas. Distinto es el caso de la donación de alimentos, que si bien son una herramienta importante para la lucha contra el hambre nada hacen en concreto contra la pobreza, porque no modifican la forma de vida de la persona, sólo aportan calorías para que sigan existiendo. A su vez, se propone la idea de “encierro social” como estrategia estatal y social en el campo territorial, económico y cognitivo que no permiten la adquisición de capacidad de agencia de los seres humanos, es decir el obtener mecanismos de interacción y gestión para conseguir el auto sustento personal y familiar.

La unidad de lugar sería la villa de emergencia

– “La villa” no sólo significa un espacio para vivir para el pobre, sino un refugio a salvo de la aporofobia que diariamente lo golpea emocional y económicamente, fuera de ella, mediante la discriminación y la exclusión, pero también pasa a ser una “cárcel social” porque en la misma no encuentra inventarios conductuales que pueda imitar para obtener y entrenarse en aquella capacidad de agencia necesaria para el auto sustento, fuera de la mendicidad, el cirujeo o el delito en las formas más comunes. La Renta Básica Universal es promovida por muchos organismos sociales como herramienta útil para salir de la pobreza, no sólo porque el mundo ha acumulado riqueza suficiente para ello (mal distribuida obviamente) sino porque las experiencias demuestran que, más allá de desviaciones puntuales, un estipendio mensual básico para todos los ciudadanos permitiría que quienes se encuentran en situación de pobreza puedan salir de la urgencia diaria de obtener el sustento. 

Con gran generosidad, Marcelo González Prado comparte aquí su libro para los lectores de Economía Solidaria y Mundo Mutual:

ODIO-A-LOS-POBRES

Contacto: prado.marcelo50@gmail.com

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