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El herpes Zoster y la vacuna preventiva ante el aumento mundial de casos

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Dr. Mario F. Bruno
Dr. Mario F. Bruno
Presidente de la Sociedad Argentina de Periodismo Médico; Vicepresidente de la Sociedad Argentina de Cancerología; Presidente del Comité de Cuidados Paliativo de AMA (Asociación Médica Argentina); Presidente del Comité AntiTabaco de AMA Vicepresidente de UATA (Unión Antitabáquica Argentina); Director de los cursos anuales de 1) Periodismo Médico 2) Cancerología, 3) Cuidados Paliativos (AMA); Miembro Emérito de ASCO (American Society Clinical Oncology); Miembro Titular de ESMO (European Society Clinical Oncology); Director Médico de Medicron S.A. (Centro Oncológico)

El herpes zoster, popularmente conocido como “culebrilla”, también llamado «fuego de San Antonio» en algunas zonas del Mediterráneo como España e Italia, es una afección originada por el virus de la varicela que aparece en niños.

Una vez pasado el cuadro clínico de la varicela, el virus se aloja inactivado por acción del sistema inmunitario en las raíces nerviosas del cuerpo. Por la edad o por afecciones que bajan la inmunidad, el virus pude reactivarse y producir la enfermedad del Herpes Zoster.  En contra de la creencia de considerarla una afección dérmica, el herpes zoster afecta inicialmente troncos nerviosos, ubicados cercanos a la piel, provocando una neuropatía, acompañada de gran dolor, debido a que las fibras más afectadas son las que conducen la sensibilidad. Secundariamente aparecen, siempre en el trayecto del nervio, lesiones dérmicas que van desde aparentes ronchas hasta lesiones ampollares agrupadas, pudiendo provocar en algunos casos ulceras superficiales.

También aparecen la fiebre, el dolor de cabeza, los escalofríos y el malestar estomacal. Las localizaciones más comunes de las lesiones son las zonas intercostales, seguidos por el nervio facial, lo que puede ocasionar ceguera cuando afecta al nervio óptico. Las lesiones intercostales, si son bilaterales, llevaron a la creencia popular de que si las ampollas se unen por delante (las cabezas de las “culebrillas”), el paciente se muere.

Una vez desaparecidas las lesiones dérmicas, puede persistir el dolor por un tiempo prolongado. La neuralgia postherpética se presenta en aproximadamente el 20 % de los pacientes. Las ampollas dérmicas contienen virus activos, y pueden contagiar a otras personas a través de un contacto estrecho.

Se puede evitar el contagio de esta enfermedad si se cubren las ampollas y se evita el contacto físico. No existe una cura terapéutica de la afección. Desaparece por acción de las defensas del cuerpo. A quienes sufran de herpes zoster, se les administra medicamentos antivirales para que el brote sea menos severo. También se administran analgésico para reducir el dolor. Las lesiones dérmicas desaparecen solas sin agregado de nada alternativo como la tinta china, y no son la causa del dolor.

El riesgo de tener culebrilla aumenta con la edad a partir de loa 50 años, por un proceso llamado “inmunosenescencia”, que es el envejecimiento del sistema inmunológico; y en los mayores de 19 con el sistema inmunológico debilitado por enfermedades o tratamientos. Se considera que, de cada 10 personas, 3 tendrán herpes zoster en la vida. En las personas con 80 años o más, que no tuvieron herpes, la posibilidad de padecerlo es del 50%; es decir, una de cada dos. La posibilidad de volver a tenerlo en una persona sana es muy baja, llegando del 6 al 8% de los casos. En las personas con disminución de las defensas, el riesgo es de entre 20 y 100 veces más alto.

La inmunización preventiva, con vacuna, se recomienda en personas a partir de los 50 años, y a mayores de 19 con el sistema inmunológico debilitado por enfermedades o tratamientos. ¿Por qué en todos los medios hablamos del Herpes Zoster?

Desde hace 2 años se ha detectado un incremento mundial de la enfermedad. Se lo asocia a dos circunstancias: la pandemia por Covid 19, y la suspensión en el 2020 de la fabricación de la única vacuna que existía. Se considera que la causa del aumento del número de casos es el estrés emocional intenso, ocurrido durante la pandemia, sobre todo asociado con el aislamiento y la depresión.

La nueva vacuna, que ya se está utilizando en diferentes partes del mundo, aparentemente va a ser aprobada por Anmat en marzo de este año, y tiene la ventaja que es a virus inactivado y no a virus atenuado, como la anterior, por lo que se puede utilizar en grupos de riesgo.

Hay evidencia de que la protección es muy larga, entre los 8 y 10 años con el esquema completo de dos dosis aplicadas con un intervalo de ocho semanas. Un punto más a considerar es que los argentinos no solo tendremos que esperar la aprobación de Anmat, sino que además deberemos esperar su incorporación a los sistemas de salud, ya que el costo privado está anunciado en 20.000 pesos, hecho que la hace inaccesible para la mayoría de los habitantes de nuestro suelo.

Ilustración: Matías Roffe

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