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Educación para mutualistas

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Felipe Rodolfo Arella
Lic. en Cooperativismo y Mutualismo (UMSA). Magíster en Animación Sociocultural (Universidad de Sevilla). Ex-Presidente del CGCyM. Periodista, docente e investigador especializado en Economía Social y Solidaria, Género y Desarrollo Local.

Uno de los problemas más importantes que atañe a toda sociedad humana cualquiera sea la época o sus orígenes étnicos, o el estadio de desarrollo alcanzado, es el de la educación de sus miembros.

La educación se erige en problema a partir del momento en que la sociedad quiere resolver la cuestión de culturalizar a sus miembros jóvenes y al mismo tiempo mantener vigentes las estructuras del sistema, como así también en cuanto devienen los cambios que se producen en ella. Problema en verdad complejo, ya que no solo importa a la filosofía, al tratar de determinar los fines de la educación, sino que también es preocupación científica cuando se procura encontrar los medios para educar, asunto éste que corresponde a la pedagogía.

La educación fortalece los sentimientos de libertad y democracia, tanto a nivel individual como social

El papel importante que desempeña la educación en la sociedad nos hace reflexionar acerca de la relación educación – cultura, como así también sobre la cultura y la sociedad. Un tema fundamental es el que tratará de demostrar el carácter prioritario de la educación en el desarrollo de la personalidad humana y cómo ésta constituye el medio idóneo, mejor dicho, el único medio adecuado para fortalecer los sentimientos de libertad y de democracia, no sólo a nivel individual, sino, también, social. Un aspecto de gran trascendencia es, sin duda, el de la educación como factor de progreso personal y comunitario.

Creo que estos asuntos serán de interés para el dirigente mutualista, quien no debe olvidar jamás que está actuando en un medio humano, en una asociación de personas que a veces saben y otras veces no, lo que significa estar asociado a una mutual y procurar que, por medio de la educación, cada asociado se integre totalmente a la entidad a la que pertenece.

Educar al asociado en mutualismo permite su integración total a la entidad

Al observar la vida de las mutuales nos enteramos que hay un gran vacío de conocimiento entre los asociados, dirigentes y funcionarios, tanto en lo referente a sus roles específicos como a los derechos y deberes que por estas circunstancias se generan, a más de no saber, a ciencia cierta, cuáles son los objetivos de la entidad a la que están asociados, ni cuáles las variadas posibilidades que la misma les puede brindar. Esa falta de saber va creando en todos los miembros una apatía que muchas veces desemboca en la indiferencia y luego en el olvido del carácter, fines y misión de la entidad. La solución a problemas de esa naturaleza sólo podrá lograrse encarando seriamente la educación de los asociados para que se reconozcan como partícipes solidarios de una acción común y puedan tener un vivo interés por la organización, su desarrollo y su funcionamiento.

Los fines de la educación

Cuando se aborda el tema del hombre, encontramos que diversos autores dan su interpretación acerca del mismo –animal racional, criatura divina, ser y circunstancia, animal simbólico, ser dialógico, etc.– y a esa serie de definiciones esquematizadas podemos agregar la nuestra: el hombre es un ser educado, es decir, producto de la educación, que a su vez es un producto humano. El hombre, que es el animal que más despojado se halla de instinto vital –elemento fundamental en las demás especies biológicas para la conservación– ha debido completar sus carencias naturales mediante el perfeccionamiento de su intelecto, el almacenamiento de información (experiencias) y la transmisión elaborada de las mismas.

Mientras que los animales tienen “conductas” de cumplimiento inexorable, el hombre actúa en medio de un campo opcional que le permite aceptar o rechazar los diversos elementos que se le presentan.

La vida asociada de los hombres en grupos primarios o secundarios produce, en sus múltiples relaciones, un mundo que es específico del ser humano: el mundo de la cultura. Demás estaría decir que los hombres son seres naturales que viven como tales pero que han elaborado entre todos un nuevo marco de la vida, la cultura, la que, a su vez, humaniza a los hombres.

Podemos preguntarnos ¿cuál es el objeto de la educación, cuáles son sus fines? Para dilucidar acerca de los fines de la educación debemos, necesariamente, recurrir a la filosofía de la educación, ya que es, en sí, el problema primero que debe resolverse.

¿Cuál es el fin de la educación? La respuesta puede variar de acuerdo a quien sea el que contesta la pregunta y en qué circunstancia histórica se haya formulado. No tendremos, por ejemplo, una misma respuesta de Platón o de Aristóteles que de Catón o de Séneca, ni éstas serán similares a las que podemos encontrar en Orígenes o en San Agustín o, posteriormente, en Comenio, Rousseau, Pestalozzi y cuantos hayan tratado sobre el fin de la educación. La educación es un proceso dinámico, permanente, que en función socializadora de los nuevos miembros del grupo debe ir adecuándose a la realidad social, a la circunstancia histórica; por eso su constante reformulación para la formación de nuevos individuos útiles a la sociedad en que viven.

De allí en más, ese proceso de asimilación de nuevos miembros a la sociedad sufre una serie de implementaciones que siempre responden al logro del objetivo final. Por ejemplo, en la época de los griegos se buscaba que los ciudadanos estuviesen formados en las virtudes propias del ciudadano, en la racionalidad, en la vida democrática, individualista y en el amor por la libertad, mientras que la educación de los primeros cristianos tenía como fin preparar al hombre para la santidad y la vida después de la muerte. En la época industrial moderna comienza a sentirse la necesidad de adecuar la educación a los nuevos requerimientos de la sociedad tecnificada y cambian, entonces, los métodos de enseñanza: se intenta incrementar la mano de obra calificada que conozca el funcionamiento de las máquinas y desarrollen en cada persona sentimientos de progreso y de individualidad.

Actualmente la educación va dirigida a grandes masas de ciudadanos, y no a pequeños sectores sociales como ocurría hasta el siglo XIX en los países europeos, y latinoamericanos. Puede decirse que hubo una expansión de la enseñanza al imponerse las ideas de una educación común y general. Esto concuerda, también, con el surgir de las nacionalidades, del espíritu nacional, que aparece luego de la unificación de Italia y de Alemania, como así también en nuestro país concuerda con la etapa de consolidación de la unidad nacional y de la ocupación del territorio argentino.

En los momentos de cambio es necesario repensar el problema de la educación para no quedar fuera los escenarios futuros

Los fines de la educación fueron cambiando, como señalamos anteriormente, obedeciendo a las distintas políticas generales, tendencias particulares y pensamientos filosóficos imperantes en cada momento y lugar; pero también las políticas educativas respondían a las necesidades del capitalismo que necesitaba consumidores y bienes materiales y culturales más que personas educadas que podían llegar a ser un problema para los respectivos regímenes políticos estrechamente vinculados con las empresas.

Ahora podemos preguntarnos ¿cuáles son los fines de la educación mutualista que enuncia uno de los principios que se establecieron en nuestro país para este sector y que dice: “Educación y capacitación social y mutual”? ¿Qué se pretende lograr? ¿Mejores dirigentes? ¿Asociados convencidos y fieles a la organización? ¿Capacitar a los empleados para que presten un servicio de excelencia? ¿Dar a conocer a la sociedad los beneficios que puede brindarle el mutualismo? ¿Cuáles serán los contenidos de esa educación y capacitación? Es un tema para pensarlo en cada entidad de base, en las federaciones y en las confederaciones en un momento de cambios para no ser sorprendidos y con la guardia baja.

Qué es el fin
 
El fin es lo que determina algo y a la vez aquello a que se dirige un proceso hasta quedar acabado o terminado.

(José Ferrater Mora, Diccionario de Filosofía)

Ilustración: Matías Roffé

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