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Desafíos para los trabajadores en tiempos de pandemia

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Regina Mariani
Regina Mariani
Licenciada en Relaciones Laborales de la Universidad de la República, Uruguay y Magíster en Recursos Humanos y Gestión del Conocimiento, Universidad del Atlántico, España.

La pandemia actual nos ha hecho interpelar profundamente el mundo del trabajo y nos ha obligado a discutir el enorme valor que tienen aquellos puestos que en esta nueva situación están sosteniendo el funcionamiento del sistema: médicos, productores de alimentos, trabajadores de supermercados y almacenes, científicos, docentes y en las grandes ciudades: los trabajadores de plataforma.  Reúnen en común que sus ingresos son de los menos reconocidos, contrario a la esencialidad que hoy los pone como pilares del sistema.

En este contexto se  han acrecentado las desigualdades ya existentes en las relaciones de trabajo; inestabilidad laboral, aumento exponencial del sector informal, mayor brecha entre hombres y mujeres en el mercado laboral y en la demandas de cuidado en sus hogares. Como ejemplo, el  17% de las mujeres en Argentina realiza trabajo doméstico y el 72% lo hace en la informalidad, por lo que en esta nueva situación, la mayoría de ellas se han quedado sin sus ingresos regulares, debiendo solicitar ayuda estatal.

Una vez decretada la cuarentena en nuestro país, aquellos  trabajadores cuyas tareas así se lo permitían comenzaron a hacer uso del teletrabajo. La cifra oscila en un 30% según un estudio del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC).

De un día a otro, hogares se convirtieron en oficinas, sin infraestructura adecuada en muchos casos y obligados a compatibilizar la vida personal y profesional. Las mujeres en este contexto, sobre todo con hijos menores y/o personas a cargo, vieron multiplicados y superpuestos sus labores en jornadas de trabajo, escolares y domésticas extenuantes.

Bajo este nuevo escenario, quienes comenzaron a realizar trabajo remoto, se vieron forzados al desarrollo de determinadas competencias que esta nueva situación requería; técnicas para el manejo de nuevo software para realizar sus tareas, el desarrollo de una comunicación eficiente vía remota, la necesidad de mayor liderazgo en los cargos de jerarquía y  competencias emocionales como la autonomía y el autocontrol. En este aspecto debemos considerar el desarrollo de  nuevas patologías derivadas del encierro y del trabajo desde el hogar y la regulación del ausentismo.

Otro punto a destacar fue  el caso de la incorporación de nuevos trabajadores a las organizaciones, donde se planteó el desafío de una inducción a distancia, buscando la mejor adaptación del nuevo empleado a sus tareas y a la cultura organizacional.

El teletrabajo, que acaba de ser regulado a través de una cuestionada ley por el sector empresarial, nos ha llevado a plantear un abanico de cuestiones que previo a la pandemia no teníamos demasiado presentes. Entre ellas nos preguntamos cuáles son las obligaciones del empleador respecto a la infraestructura;  los gastos de electricidad, internet y equipo, el cómo gestionar la limitación de la jornada en conjunto con el derecho a la desconexión, la exposición a la intimidad del trabajador, la vulnerabilidad a la ciberseguridad , la forma en la que son evaluados en este nuevo contexto y la compatibilidad entre la vida familiar y personal.

Entre los puntos más controversiales de la nueva ley se encuentran: el derecho a la desconexión fuera de su horario, la posibilidad del empleado de volver a sus tareas presenciales cuando así lo decida y la obligación del empleador de hacerse cargo del software y hardware, gastos de uso y mantenimiento o en el caso que el trabajador ya cuente con sus propios equipos y decida ponerlos al servicio de la organización, la obtención de una compensación económica por su uso.

A pesar de esto, muchos empleadores ya están pensando mantener esta modalidad post pandemia, ya que les insume menor gasto de infraestructura como principal beneficio. Y del otro lado,  existen trabajadores que tienen dadas las condiciones en su hogar para trabajar remotamente y que priorizan el ahorro del costo y tiempo de traslado por lo que también están pensando en esta forma de trabajo a futuro.

En el lado opuesto al teletrabajo pero tan importante como aquel, se encuentran los trabajadores de plataformas digitales como lo son Rappi y Glovo. Trabajadores invisibilizados , pero con una tarea a cargo considerada esencial,  demostrada en  un enorme crecimiento de su demanda durante esta cuarentena.

Esto no significó una mejora en sus condiciones laborales: jornadas extenuantes, sin derecho a un salario mínimo, sin ART, sin convenio colectivo ni derecho al sistema previsional, es decir, excluidos de una relación salarial y condicionados a una relación comercial.

Se trata de un trabajo precario e inestable, sin posibilidad de crecimiento dado que se trata de una organización horizontal. Son evaluados por sus clientes, la figura del empleador es inexistente, se les paga por viaje y no por la duración de la jornada. Carecen de un lugar físico para las espera entre viajes y tampoco cuentan con acceso a un baño, lo que los pone en un lugar de grave precarización.  A su vez, están sometidos a la contaminación sonora, al monóxido de carbono, a los insultos de los automovilistas, la inseguridad en las calles y ahora al COVID- 19.  Su trabajo requiere intensidad física y exigencias psicológicas para responder bien al cliente y recibir una buena valoración y propina.

Esta situación más allá de la lucha de fuerzas que puedan lograr de forma organizada, nos  interpela como sociedad y nos lleva a repensar desde nuestro lugar como ciudadanos y muchas veces como clientes de estos servicios, cómo ayudar a la visibilización de este sector y contribuir en la mejora de sus condiciones laborales.

Estamos atravesando un tiempo de muchos cambios acelerados  impuestos por un nuevo escenario, donde se profundizan viejas problemáticas, y donde surgen nuevos desafíos, no sólo con el trabajo desde casa sino con el trabajo que requiere presencialidad que es el de mayor demanda en nuestro país actualmente.

 Se vuelve necesario un debate constante con la participación de todos los actores de la sociedad y con el Estado como eje de discusión e implementación, tomando un rol activo, tan demandado desde el comienzo de esta crisis.

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