Varias publicaciones de la prensa local se hicieron eco de una información proveniente de Italia,  que afirmaba una relación entre el cáncer y la telefonía celular.

Los títulos expresaban: “Justicia Italiana asocia el uso del celular con el cáncer cerebral” y “La justicia italiana vincula un tumor, con el uso del móvil y resarce a un trabajador”.

En primer lugar hay que aclarar que tumor y cáncer no son sinónimos. Tumor, médicamente, es todo aquello que hace bulto. Los tumores pueden ser benignos y malignos (cáncer). Sin embargo, el término tumor, se asocia popularmente con el cáncer, situación que hace relacionar directamente el cáncer y la telefonía celular. Por otra parte, el tumor que  padece la persona italiana que hizo el juicio, es un neurinoma, tumor benigno (no es cáncer), de muy lenta evolución y relacionado con el aspecto genético y no con las radiaciones de baja frecuencia de la telefonía celular.

El texto de la nota, con algunas variantes en los diferentes medios, decía así: “Un trabajador italiano recibirá una pensión vitalicia después de que la Justicia del país europeo reconociera que el tumor que sufrió en el oído y por el que perdió el nervio auditivo, se originó por el uso continuado del celular.

Un Tribunal de Ivrea, cerca de Turín, condenó a una empresa de telefonía internacional a indemnizar con la pensión vitalicia a Roberto Romeo, de 57 años, quien durante una década y media usó el teléfono móvil por más de tres horas diarias trabajando para esa compañía.

La sentencia del juez Luca Fadda, se basa en un informe técnico. Este apunta al uso del teléfono móvil y concluye que “sus ondas fueron la causa del neuroma acústico que sufrió el trabajador”.

Hasta aquí la noticia. En nuestro país (y por supuesto también en otras partes del mundo), nos sucede  a diario, que los jueces, en el área de salud, emiten fallos suponiendo favorecer al paciente, pero sin un basamento científico realizado por expertos en el tema.

Muchas veces, lo autorizado resulta contraproducente para la salud del enfermo. Seguramente un tribunal de segunda instancia revocará el fallo por ser inexacto, pero esa noticia seguramente no la van a difundir. Esta información en los medios masivos, produce un estado de alarma innecesario.

La falta de preparación de quien escribe el artículo, o la necesidad de sensacionalismo, sin consultar a expertos en el tema, hace que una mala información, se transforme en una desinformación.

Las razones científicas que desligan las radiaciones que emite el teléfono celular con el cáncer, pueden verse claramente en la página del Instituto Nacional del Cáncer de EE. UU., algunos de cuyos conceptos, citamos a continuación.

La información científica nos indica que los teléfonos celulares funcionan con una forma de radiación electromagnética denominada radiofrecuencia. La radiación electromagnética se puede clasificar en dos tipos: ionizante (p. ej., los rayos X, el radón y los rayos cósmicos) y no ionizante (p. ej., la radiofrecuencia). La energía de la radiación electromagnética, está determinada por su frecuencia; que puede ser de dos tipos: radiación ionizante que es alta frecuencia y, por lo tanto, alta energía, y  radiación no ionizante que es de baja frecuencia y, por lo tanto, de baja energía.

Los teléfonos celulares emiten energía de radiofrecuencia (ondas de radio), es decir, una forma de radiación no ionizante y por lo tanto, de baja energía.

El cuerpo humano absorbe energía de aparatos que emiten radiación electromagnética.

La exposición a la radiación ionizante, tal como la de rayos X, se sabe que aumenta el riesgo de cáncer. Sin embargo, aunque muchos estudios han examinado los posibles efectos oncológicos de la radiación no ionizante procedente de radares, de hornos, de microondas, teléfonos celulares y de otras fuentes, no existe. El único efecto biológico reconocido firmemente de la energía de radiofrecuencia, es el calentamiento.

La exposición a la radiofrecuencia por el uso de teléfonos celulares, no causa calentamiento en el área del cuerpo (oído, cabeza, etc.) en donde se apoya un teléfono celular o algún otro aparato.

Actualmente no hay evidencia científica de que la radiación no ionizante aumente el riesgo de cáncer. En este sentido, se han realizado tres estudios grandes epidemiológicos examinando la asociación posible entre el uso de teléfonos celulares y el cáncer. Ellos son Interphone (con la participación de 13 países), un estudio danés, (donde se investigaron a 358.000 personas) y el  Estudio del Millón de Mujeres, realizado en el Reino Unido, y no mostraron evidencia epidemiológica de la producción de cáncer por la telefonía celular.