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Cooperación, ayuda mutua e integración: ejes de la trascendencia solidaria

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Prof. Oscar Bastidas Delgado
Prof. Oscar Bastidas Delgadohttp://bit.ly/39J1bh0
Consultor en Emprendimiento y Diseño Organizacional. Experto en Economía Social, Cooperativismo, Responsabilidad Social y Balance Social. Whatsapp: +58-424 1725665

Desde tiempos inmemoriales han existido fórmulas mediante las cuales individuos o grupos poblacionales han buscado soluciones comunes a problemas de diferentes magnitudes y alcances locales. A su vez, pudieron superar dicho ámbito local gracias su doble anclaje como Asociaciones y Empresas y a los mecanismos de intercooperación, ayuda mutua e integración que las caracteriza.

Estos mecanismos, en el caso de las mutuales, se soportan en el Sexto Principio Mutualista:

“La práctica integracionista es fundamental para el buen desarrollo del sistema. Las mutuales que no se integran con sus similares, ni se asocian a instituciones de segundo grado, no cumplen con su finalidad de proyectar el sistema. Se autoexcluyen y no edifican la obra mutualista. A nivel asociados los actos tienen relevancia cuando se practican solidariamente. A nivel asociación esa solidaridad se llama: integración.

“Bastan estos conceptos para entender que en el mutualismo está implícito el programa de adhesión entre mutuales para que se intercambien experiencias, se presten recíprocamente servicios, se formulen planes de capacitación, y se realicen permanentemente actividades de avance institucional. La participación federativa y confederativa, y los convenios intermutuales son los mecanismos idóneos y prácticos para concretar la tan anhelada integración del mutualismo. Llegará el día en que todas las mutuales del mundo estarán integradas en una organización internacional, altamente representativa, que demostrará el ideal y la pujanza de los hombres libres de cada nación, y que en cada continente vienen realizando acciones en defensa de la paz, en lo económico y en lo social, desde la prehistoria” (Blas Castelli: Mutualismo y Mutualidades; Ediciones CGCyM; Buenos Aires; 2014).

En el caso de las cooperativas, el Séptimo Principio establece la Cooperación entre Cooperativas: “Las cooperativas sirven a sus asociados lo más eficazmente posible y fortalecen el movimiento cooperativo trabajando conjuntamente mediante estructuras locales, nacionales, regionales e internacionales”.

Estos procesos son continuos y dinámicos. Mediante ellos, por propia naturaleza y sobrevivencia, tanto mutuales como cooperativas enfrentan problemas colectivos, crecen en el tiempo y el espacio, amplían la cobertura de su responsabilidad social, y colocan las bases de un sistema autogestionario; la intercooperación y la ayuda mutua pueden adquirir formas “livianas” como los acuerdos, las alianzas y las redes para actividades puntuales como compras conjuntas o educación, o adelantar procesos de integración propiamente.

Adicionalmente, la finalidad toda Organización de Economía Social (OES), es la de servir a quienes las constituyen y a su colectividad ya que sus asociados y colaboradores cercanos pertenecen a ella. Así, tal como las personas se unen en cooperativas y/o mutuales para solventar problemas que individualmente no pueden resolver, estas entidades actúan entre ellas y con otras organizaciones mediante acuerdos, alianzas estratégicas (joint ventures), redes organizacionales, fusiones, adquisiciones, y hasta constituir organizaciones de segundo o tercer grado (federaciones y confederaciones, respectivamente) entre otras fórmulas con similar finalidad.

El reto de la integración es aumentar las economías de escala al mismo tiempo que se enfrentan los problemas globales

El reto es trascender las restringidas escalas de prestación de servicios y producción de bienes aumentando las economías de escala al mismo tiempo que se enfrentan problemas que tienen sus raíces fuera de lo local. Para ello intercambian, integran y cooperativizan/mutualizan recursos y esfuerzos haciendo uso del doble anclaje socio – económico que le proporciona su doble dimensión que poseen logrando sinergias gracias al efecto multiplicador de dos procesos fundamentales:

  1. – Inter – cooperación o relaciones de variados tipos entre cooperativas y/o mutuales como acuerdos, alianzas estratégicas y redes organizacionales para variadas actividades; y
  2. – la integración o constitución de cooperativas de cooperativas/mutuales o asociaciones de cooperativas/mutuales con otras OES con la intención de que la organización así constituida haga a favor de las constituyentes lo que cada una de ellas individualmente no puede realizar.

En cualquiera de ellas debe estar presente la lógica de organización y funcionamiento de las organizaciones de conformidad con su identidad. La integración no debe imponerse y quienes la impulsan no deben olvidar las condiciones de la gestión democrática.

Integración vertical y horizontal

Trayendo a este escrito la concepción de la doble dimensión Asociación – Empresa de las mutuales y cooperativas, y visualizando dos o más entidades “tomadas de las manos constituyendo un círculo”, podemos decir que ellas pueden compartir:

  1. solo elementos de sus dimensiones asociativas como cuando se busca establecer un liderazgo colectivo, desarrollar fortalezas gremiales, realizar actividades formativas, ambientales y comunitarias conjuntas;
  2. también compartir elementos y procesos de sus dimensiones empresariales que pueden ir desde compartir esfuerzos y labores como las educativas y las comunicacionales, pasando por espacios, sistemas, y activos como locales, maquinarias y vehículos, y toda otra actividad de interés común como compras o ventas conjuntas con la intención de abaratar costos mediante economías de escala, obtener mayor productividad, utilizar mejor capacidades instaladas, beneficiarse de economías de escala y penetrar mercados, entre otras razones; y
  3. opción es integral, compartir en ambas dimensiones.

En ese compartir, la integración desarrolla movimientos verticales y horizontales que por sus alcances geográficos puede adquirir carácter local, regional, nacional, internacional y hasta mundial como el de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI), la Asociación Internacional de la Mutualidad (AIM) o la Unión Mundial de la Mutualidad (UMM). Ambos movimientos deben orientarse por los valores y sus derivados: los principios.

La integración vertical sucede cuando las entidades conforman otra de grado superior como una federación, confederación, central o unión. El número de organizaciones necesario para constituir una de superior grado normalmente lo establecen las leyes nacionales, pero serán las necesidades de integración las que decidan el número apropiado.

La integración horizontal por su parte se conforma entre empresas que interactúan integrando procesos y activos en el mismo nivel de la estructura del movimiento, por ejemplo, entre cooperativas y/o mutuales de base o entre cooperativas y/o mutuales de diferentes grados.

Invertir y horizontalizar la pirámide

La manera tradicional de observar la integración es mediante la figura de una pirámide con las asociaciones de base o de primer grado sustentando las federaciones, centrales o uniones, y éstas sustentando a su vez las confederaciones u otros organismos de integración de grado superior y así sucesivamente con la lógica propia de las pirámides burocráticas con sus respectivos jefes o caciques en la cúspide.

Afortunadamente si bien esa lógica existe en numerosas organizaciones de integración, y si bien los procesos de integración aumentan los estratos del movimiento no significa necesariamente una pirámide ascendente.

Efectivamente, existen dos opciones y combinaciones de estas:

1.- La de una pirámide invertida, con las entidades de base en la ancha parte superior, seguidamente el organismo de integración de segundo grado y los siguientes y así descendiendo sucesivamente. Esta visión ubica en su justo término a los verdaderos responsables del proceso integrador: las organizaciones de base, y hacia abajo coloca los organismos de integración cuyos miembros deben humildemente servir a la base y no ser los jefes del sistema integrador.
Un problema observable en estos procesos es el lógico peso en la mente y acciones de numerosos dirigentes de los rasgos de las organizaciones burocráticas en las que nos hemos formado a lo largo de nuestras vidas: escuelas, liceos, universidades, servicio militar, empresas jerárquicas y otras organizaciones que siembran con efectividad sus valores y lógicas en quienes por ellas pasan.

2.- La horizontal – circular en la que las mutuales y/o cooperativas de base, detentoras del poder, ubican sus asambleas en el centro y desde él, a manera de oleaje, conforman las unidades funcionales hacia la periferia. Esta concepción toma mayor fuerza entre las empresas que se mueven con los parámetros de la autogestión que, considerándose ellas en un mismo nivel, interactúan de tú a tú integrando procesos y compartiendo lo compartible señalado ut supra.

El sector asociativista puede modelar una opción de país donde la ciudanía se encuentre en el centro y el poder político en una periferia instrumental

En sus trascender a la sociedad, en el eje Saber – Hacer – Ser, y si se comprende que el mutualismo y el cooperativismo modelan el Ser y se constituyen en una forma de vida, quienes integramos la Economía Social debemos apuntar a la opción de un país en el que los ciudadanos estemos en la parte ancha de la pirámide invertida y el presidente de la república con sus trenes ministeriales como los más humildes servidores públicos en la punta inferior.

Estas reflexiones abonan la lógica del por qué los mutualistas y cooperativistas debemos enfrentar el modelo burocrático y su expresión más ilustrativa: el militarismo.

Fuente: La Integración Cooperativa. Un Oleaje Mundial. https://www.amazon.com/-/es/Oscar-Bastidas-Delgado-ebook/dp/B07X5NXN8W/ref=sr_1_13?dchild=1&qid=1628870144&refinements=p_27%3AOscar+Bastidas-Delgado&s=books&sr=1-13

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