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Buenos dirigentes, buenos oradores

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Conversatorio: Presentación Manual de Cooperativas

Martes 27 de abril, 18 hs Inscripción: https://unaj.edu.ar/cooperativas
Alejandro Galay
Periodista, escritor y docente universitario.

A fines del año pasado, el CGCyM dictó en forma online un curso de “Oratoria y comunicación eficiente” para un grupo de sus asociados; en concreto, aquellos que estaban interesados en aprender los secretos de la peroración y los instrumentos discursivos para llevarla adelante. Fue así que en tan solo dos clases de dos horas cada una, divididas en partes iguales entre teoría y práctica, lo que se intentó fue transmitir ciertas técnicas que hacen a lo que puede denominarse un “buen orador”. Esto fue llevado adelante con una serie de apuntes y resúmenes afines a una tradición –la grecolatina– que tiene cerca de veinticinco siglos de historia en el estudio de la persuasión (Retórica clásica), el arte de hablar con elocuencia (la Oratoria) y la constitución de un discurso ordenado en partes, tal como se lo conoce desde la Antigüedad occidental y sus derivaciones en todas las formas narrativas.

De este modo, lo que se buscó fue dotar de herramientas convencionales, algunos tips y conocimientos a dirigentes de cooperativas y mutuales para que ellos puedan, en más, incorporar estos recursos a sus prácticas laborales cotidianas.

En los tiempos que corren, bien sabemos, el orador ya no se enfrenta únicamente a un público con un micrófono, sino que lo hace mediante una plataforma donde desconoce los rostros que lo observan,  en virtud de una serie de mediaciones técnicas que determinan por completo el éxito o el fracaso de una ponencia. Hay un auditorio visible y otro, a veces, imaginario. Para enfrentarlos y alcanzar objetivos, se requiere de ensayo y de método. Práctica y preparación.

Hablar bien en los lugares adecuados, usar las palabras correctas, ser capaz de convencer y acompañar el hilo de la lengua, aprovechando el espacio físico con el movimiento del cuerpo y de las manos, es un capital simbólico que no tiene comparación con ningún otro; incuso el conocimiento se manifiesta a través de las palabras, convalidando aquel viejo precepto de la teoría de la comunicación que afirma que quien sabe algo pero no puede decirlo con claridad, pues entonces no lo sabe. Hacer lenguaje la idea (materializarla/verbalizarla), y comunicarla de manera correcta, es el acto institutor de cualquier pedagogo.

En el ámbito de la ESS, suele repetirse que entre los mayores déficits está el de la falta de comunicación, cual limita las chances de que las entidades asociativas den a conocer su mundo y sus experiencias, sus nombres y sus prácticas, su historia y sus proyectos. Se pone en juego aquí la capacidad de los dirigentes de ocupar espacios importantes y debidamente articulados, para que sus voces se hagan escuchar y sean objeto de interpretación valorativa. En ese plano, una capacitación adecuada en el ámbito oratorio/discursivo se torna imprescindible, llevado a cabo con la adaptación de procedimientos que van desde el manual de Quintiliano hasta los yeites de coucheo del siglo XXI.

En suma, los dirigentes de hoy deben ser, por consiguiente, buenos oradores, idóneos para elaborar argumentos de todo tipo, tener concisión en sus testimonios, y elementos lingüísticos que generen la atracción de quienes están interesados en escucharlos o, aun, en leerlos.

Si los profesionales de la política y de la empresa se han servido de estas tácticas antiguas, no habría por qué despreciarlas en ningún otro campo. Hablar bien es decir lo que se quiere decir sin abrumar, sin repetir, con claridad expresiva y con un tono de voz acorde. No se trata de ser actores ni performers; se trata de presentarse ante un público con la suficiente locuacidad. No se trata de vencer el miedo escénico, sino de domesticarlo. No se trata de tener la voz de un locutor profesional o una mezzosoprano, sino de asimilar la propia en el mejor registro posible. No se trata, en definitiva, de mover el cuerpo como un danzarín, sino de encontrar posturas cómodas que acompañen la dicción empeñada.

Todas estas pautas no son más que un grupo de ejercicios que se aprenden y que tienen resultados óptimos, por lo general, en casi todos los lugares donde se los ha aplicado.

La promesa de un futuro encuentro y, la consecuente capacitación ad hoc, abren las puertas para el ingreso de quienes aspiran a ser mejores oradores, si no, acaso, mejores dirigentes.

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