En nuestra última edición de Mundo Mutual reprodujimos el mensaje que cooperativas y mutuales, a través de representaciones de tercer grado, dirigieron a los candidatos presidenciales en las próximas elecciones nacionales. El 22 de agosto, en la sede de la Confederación Argentina de Mutualidades (CAM), tuvo lugar la reunión convocada por esta entidad y otras (ver nota en esta edición) para destacar los contenidos fundamentales de la propuesta elaborada en forma conjunta.

Son doce puntos que condensan lo fundamental que las entidades tenían para poner en conocimiento a los candidatos, a través de sus respectivos asesores. Cada expositor estableció un punto que, cabe esperar, quede registrado en las agendas de cada partido político. Se trata de la integración a las políticas públicas; el potencial del sector, con sus millones de adherentes; el fortalecimiento del vínculo social; el trabajo conjunto, la unidad e inclusión social; la reinversión de los excedentes; tratamiento impositivo diferencial; amparo legal para organizaciones de usuarios y consumidores; protección social para los trabajadores de las cooperativas; una legislación específica para la actividad financiera al servicio del desarrollo económico-social; programas de vivienda, ahorro, crédito, educación y salud; y hasta el fortalecimiento del INAES, en su rol de promotor de la Economía Social y Solidaria (ESS).

Este ha sido, sin duda, un acto histórico del cooperativismo y mutualismo. Desde Mundo Mutual hemos bregado por este encolumnamiento detrás de un supremo objetivo: el de instalar definitivamente la ESS en los planes de desarrollo, tanto nacionales como provinciales y de gobiernos locales. Nuestra sociedad necesita que la economía que no tiene lucro, que son tanto la pública, como la privada representada por las organizaciones de la ESS, expandan su alcance en la sociedad. La concentración económica de los sectores de lucro, y especialmente los especulativos, mucho han hecho para su puro y exclusivo beneficio, dejando las migajas para lo que despectivamente llaman “la economía de los pobres”.

No puede hacerse, empero, con mera retórica. Pasar a los hechos obliga a una esforzada dedicación para modelar planes y programas, e incluso para elaborar la legislación pendiente que ponga en marcha la participación concreta y la incidencia real en la macroeconomía.

No habrá cambios de fondo sin modificar los instrumentos que regulan la actividad de las entidades de la ESS, y ello es posible solamente por medio de, primero, la sanción de cada ley que éstas mismas impulsen; y luego, por la correspondiente adecuación de la justicia y los órganos de control, para suprimir las arbitrariedades a las que en diversas ocasiones se las somete.

Y más aún: debe encararse una investigación metódica, rigurosa y objetiva sobre la verdadera incidencia de la ESS en el PBI. Esa participación está en el orden del 10%.

¿En qué documentación se corrobora ese dato? ¿No nos estaremos quedando cortos? El Relevamiento Nacional de Mutuales y Cooperativas de Salud, llevado a cabo por el INAES y la Federación Argentina de Mutuales de Salud (FAMSA) reveló que solamente en esa área se atiende una población de casi dos millones de personas. Si cooperativas y mutuales brindan servicios a 28 millones de personas en nuestro país, sobre una población de 44 millones, al menos el 63% tiene un servicio por cooperativa o mutual; y si a su vez cada persona puede tener un servicio cooperativo y varios servicios mutuales, el valor monetario aportado resulta exponencial. Una cosa es que los sectores cooperativo y mutual desarrollen sus campañas promocionales particularmente en sus ámbitos internos, por razones que tienen que ver con la ética de sus acciones en tanto entidades que no tienen lucro, y otra, que no alcancen a dimensionar la magnitud que, en conjunto, tiene la producción de sus bienes y servicios. Esto no es cuestión de publicidad, sino de instalar en las agendas parlamentarias la importancia de la ESS.

Y si esta es la realidad presente, el siguiente paso es la ampliación de las fronteras del desarrollo cooperativo y mutual. Ambos sectores, que son complementarios en lo que hace a la satisfacción de necesidades comunitarias, tienen por delante el desafío de ocupar espacios que todavía permanecen vacíos, e incluso, de mejorar la oferta de productos y servicios que una porción significativa de la sociedad demanda, y que necesita urgentemente para retomar un camino de crecimiento armónico con inclusión social.