En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, los días 6 y 7 de marzo se realizó un encuentro de la Red de Cooperativas Sociales para poner en marcha la Incubadora que aportará asistencia técnica y capacitación a las cooperativas y empresas sociales que integran la Red. La Red elaboró una Declaración en la que demandan el reconocimiento de una figura jurídica específica y políticas públicas para el sector.

Del encuentro participaron referentes de 20 experiencias de inclusión sociolaboral para usuarios de salud mental y adicciones de 8 provincias de la República Argentina: 8 del sur del país, 8 de la zona CABA/AMBA y 4 del Litoral. Algunas ya constituidas como cooperativas, otras que funcionan en el marco de Asociaciones Civiles o apoyadas por las Asociaciones cooperadoras de instituciones hospitalarias y algunas aún en la informalidad.

La Incubadora está coordinada por la Asociación Civil INCLUIR y la Universidad de Quilmes y contará con equipos técnicos aportados por estas dos entidades y el Colegio de Graduados en Cooperativismo y Mutualismo, la Universidad de Tres de Febrero y la Asociación de Abogados de Buenos Aires, organizaciones que también integran la Red de Cooperativas Sociales.

“El término empresa social se comenzó a usar en 1987 para dar nombre a las nuevas estrategias dirigidas a enfrentar la crisis del trabajo y la crisis de la asistencia en algunas experiencias históricas de innovación de las instituciones psiquiátricas y de las políticas sociales en diferentes lugares de Europa e Italia” (Rotelli, Mauri & Leonardis, 1995, pág. 11).

Las empresas sociales suelen desarrollarse con seis elementos básicos:

  1. Fuerza de trabajo “inutilizada”, ya que los usuarios de salud mental, discapacidad y adicciones no tienen cabida en el mercado laboral competitivo;
  2. recursos públicos inutilizados, como por ejemplo espacios físicos y mobiliario o equipamiento del Estado abandonados;
  3. recursos costeados por el estado, como son los aparatos públicos asistenciales, los especialistas, la formación (Universidades, por ejemplo) y los administradores públicos;
  4. el trabajo de familiares y voluntarios, sin remuneración;
    1. el aporte remunerado de trabajadores del oficio al que se dedica la cooperativa, que aportan su conocimiento tanto en las tareas a realizar como en la gestión del emprendimiento;
    2. la gestión cooperativa del emprendimiento, que adquiere un carácter particular, basado en un modelo de cogestión entre los usuarios, los profesionales y el estado.

    En algunos casos, además, se agrega el reciclado de materiales de descarte que se utilizan como insumos.

    La empresa social, si bien se ancla en el mercado competitivo, por sus lazos solidarios da lugar al respeto de los procesos de cada integrante. Tiene como finalidad ser competitiva y rentable, pero esta no es su única ni principal misión. La empresa social es un espacio de emprendimiento y producción, de organización y de vinculación, que fomenta el respeto de sí mismo, la integridad, la autonomía y el respeto de la complejidad y los procesos de los/las participantes.

    El intercambio entre los referentes de estas experiencias, que vienen sosteniendo procesos en algunos casos de más de diez años de experiencia, dio lugar para debatir sobre el estado incipiente de este sector con potencial de crecimiento, contemplado en la Ley de salud mental como uno de los dispositivos sustitutos a las instituciones de encierro y las potencialidades de transformación del ámbito de la salud que esto representa.

    El impacto social producido por estas experiencias se dará a conocer cuando culmine la etapa diagnóstica prevista para finales de abril. Sin embargo ya se revela que cerca de doscientas personas con discapacidad y padecimientos subjetivos trabajan de manera organizada, participando de ferias, atendiendo locales comerciales propios, cantinas, brindando servicios de catering y jardinería. Produciendo muebles originales y sustentables, productos de cerámica artesanal, marroquinería, platería, plantas sin agrotóxicos o productos alimenticios según el rubro específico de cada empresa social.

    Las personas gerencian sus propias empresas organizándose colectivamente, tomando decisiones y distribuyendo los excedentes entre sus integrantes para la satisfacción de sus necesidades. Así garantizan su derecho a trabajar.

    El objetivo principal del encuentro fue iniciar el diagnóstico de las 20 unidades productivas que integran la incubadora, pero abarcar también a otras 15 experiencias que integran la red. Este proceso permitirá conocer más sobre sus necesidades y problemáticas a los fines de poder colectivizar demandas o dar respuestas conjuntas a aquellas cuestiones que puedan resolverse en el entramado que se ha generado.

    En medio de la crisis de la sociedad salarial en la que nos encontramos estas empresas sociales representan un bastión de lucha por el acceso al derecho al trabajo y la restitución del vinculo salud-trabajo-inclusión. Esta experiencia es fundamental, ya que las personas con discapacidad y padecimientos subjetivos han sido históricamente segregadas del mundo del trabajo: alrededor del 98% de esta población no cuenta con ningún tipo de empleo.

    Por lo tanto, resulta urgente la visibilización y el apoyo a este sector para dar fin a la Manicomialización y continuar con las reformas necesarias para que el paradigma social y de derechos sea el que prevalezca en las prácticas del ámbito de la salud.

    El encuentro culminó con la redacción de un documento llamado “Declaración Federal de la Red de cooperativas sociales” en donde se expresan los objetivos de estos emprendimientos, y demandas concretas del sector, como el establecimiento de una forma jurídica específica y el reconocimiento de estas experiencias como propias del sistema de salud mental.

    Fuente: Red de cooperativas sociales