En recientes participaciones de eventos mutualistas, el presidente del INAES, Dr. Marcelo Collomb, tuvo expresiones muy significativas acerca del potencial de las mutuales y cooperativas, brindando una información impactante con las que respaldó sus propias conclusiones.

El INAES habilitó recientemente el registro informático “Trámites a Distancia” (TAD), para que mutuales y cooperativas ingresen su documentación en formato digital. En base a ello, el Dr. Collomb brindó la siguiente información:

  • 260 cooperativas crearon su legajo electrónico, representando a 16.740.000 asociados.
  • 066 mutuales hicieron lo propio, representando a 7.944.000 asociados.
  • En total, aproximadamente 24.684.000 de asociados.
  • Suponiendo que algunas personas tuvieron una doble afiliación, a una mutual y a una cooperativa, descontando holgadamente un 20% a aquella cantidad, habría mutualizadas y cooperativizadas unas 19.747.000 personas.
  • En materia de puestos de trabajo, en relación de dependencia las cooperativas tienen 206.000 puestos, las mutuales 24.340, lo que hace un total de unos 230.340; considerando que en cooperativas de trabajo hay aproximadamente 127.000 asociados, la suma total de puestos de trabajo rondaría los 357.340.

A estas declaraciones del Dr. Collomb agregamos que un número indeterminado de dirigentes dedican un valioso tiempo ad honorem para que mutuales y cooperativas tengan una presencia de magnitud en la economía del país. Es justo reconocer que gran cantidad de mujeres y varones han abrazado la causa de la economía social y solidaria con desprendimiento de intereses personales, cuestión que no es comprendida por los agentes del establishment, para los que la palabra “solidaridad” se usa cuando hay una inundación o cosa parecida. Y a la que deben contribuir otros, no ellos, por supuesto.

En otro momento, el Dr. Collomb hizo referencia a que en breve el INAES emitirá una resolución con datos estadísticos, que resumirán 30 años en materia cooperativa y 40 años en materia mutual. Es una excelente noticia, dada la escasez de datos fehacientes en ambos sectores. Y está en sintonía con la prédica que hemos pronunciado en Mundo Mutual sobre de la importancia de exhibir a la comunidad la realidad que representa la actividad económica y social de las entidades de la economía social y solidaria: mutuales, cooperativas, asociaciones civiles, y otras organizaciones que, muchas veces, surgen de la informalidad para abrirse paso en un mundo complejo y hostil.

 

LA ÉTICA BIELSA

Leeds United es un equipo de la segunda división del fútbol inglés. No representa nada en particular para la mayoría de los argentinos, salvo por el hecho de que es dirigido por Marcelo “El Loco” Bielsa; y quién puede decir que no lo conoce si no es por su trayectoria en este deporte, y por algunas de sus excentricidades.

El 28 de abril pasado el Leeds jugó como local con el Ashton Villa. Ocupan el tercer y quinto lugar, y aquel tenía una chance de ascender a la primera división. Aproximadamente en el minuto 70 del juego, un jugador del Ashton quedó lesionado en el campo de juego, producto no de una falta sino por un choque involuntario con un jugador rival. El fair play -uno de los códigos no escritos en el fútbol- determina que, en un caso como este, si el rival tiene el balón en su poder, lo debe tirar afuera del campo. Pero esto no sucedió: los jugadores del Leeds continuaron el juego, y ante el desconcierto de los del Ashton, convirtieron un gol.

Los del Ashton recriminaron a los del Leeds por esta acción, forcejeos mediante, y luego, con el marcador 1-0, el juego se reinició. ¿Qué pasó entonces? Bielsa ordenó a los suyos que dejaran que les convirtieran un gol, para compensar al rival por la mala acción. Y así fue, aunque algún defensor del Leeds amagó una tibia reacción. 1-1 y estupor en el estadio. Resultado que se mantuvo hasta el final.

¿Tiene relación esta anécdota con el mundo de las mutuales, con las organizaciones de la economía social y solidaria en general? Desde nuestra perspectiva, sí la tiene, así como también es una interpelación a la sociedad en general, demasiado cooptada por la premisa de que hay que ganar siempre, a cualquier precio. Y esto es lo que importa, lo único y lo que más importa.

En un mundo tan competitivo suele olvidarse que no siempre se trata de ganar, sino de compartir beneficios para edificar una sociedad mejor y más justa. Pero también están los que aceptan resignadamente la pérdida de derechos, y eso tampoco está bien, porque se diluye progresivamente la idea de una sociedad armónica, equilibrada, en la que los extremos acortan sus distancias. Una sociedad con elevados índices de injusticia social, económica y de género puede perdurar en el tiempo y atravesar innumerables generaciones, aunque ¿es eso bueno? No para las mayorías, que en tal contexto padecen las consecuencias de las acciones de poder que les inflige una minoría.

El llamado “bien” tiene muchas acepciones. Algunos lo relacionarían con una cuestión patrimonial; otros, más altruistas, con un efecto positivo para sí o para otros, emparentado con lo que Aristóteles definía como un bien supremo: la felicidad.

El bien, así entendido, tiene su contrapartida: el mal, que no es metafísico sino muy concreto, y que se verifica en innumerables circunstancias. No basta con que se declame “el bien”: hay que practicarlo y combatir “el mal” en todas sus formas.

Bielsa, con ese gesto hiperkantiano, no hizo otra cosa que ubicarse en una posición ética irreductible, hizo el bien sin cálculo, sin especular con el resultado de un partido de fútbol, resignando un beneficio que, de inmediato, él reconoció como indebido.

Nuestras mutuales, aunque no reparen en todo el bien que hacen, son un testimonio permanente de la ética aplicada en sus acciones, porque se basan en la solidaridad y no en el aprovechamiento de ventajas. Dicho con genuino orgullo mutualista.