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Mundo Mutual es un periódico mensual de alcance nacional sobre los acontecimientos más relevantes del sector mutualista argentino.

Cada año, como es tradicional, se renuevan los deseos recíprocos de bienestar, salud y trabajo. Aunque en nuestro fuero interno sabemos que para que esos deseos se cumplan deben conjugarse tanto factores internos como externos, el saludo fraterno nos regocija y nos estimula para reiniciar las actividades.

El potencial de cada persona humana, así como el de cada institución se desarrolla de manera natural en una comunidad organizada, que nos impone reglas y nos otorga derechos. El equilibrio entre estos dos elementos es lo que define el funcionamiento armónico del sujeto y de la institución con la comunidad. El conflicto surge cuando ese equilibrio se altera, principalmente, en perjuicio del más débil.

Cuando el Estado es quien ejerce el control sobre personas e instituciones, y emplea políticas que lesionan derechos, sean naturales o positivas, produce un desbalance que más temprano que tarde provocará una reacción, no necesariamente violenta (y tampoco deseada), pero sí de respuesta adecuada frente a lo injusto, culminando con la revocación y la renovación de los cuadros de dirigentes, a los que, parafraseando el comienzo de la nota, se le desea una buena y feliz gestión.

La interrelación entre Estado-persona y Estado-institución es esencial para la restitución de la armonía, con sus más y sus menos, porque si de algo podemos estar seguros es que la perfección en sentido estricto no existe, pero sí la persecución de un ideal de perfeccionamiento, del mismo modo que el valor de la utopía (*) está en lo que nos anima a recorrer.

Para un Estado que postule la concepción meritocrática, la voluntad es el principal motor que impulsa nuestros destinos, a la que, lógicamente se debe agregar una dosis (importante) de talento para encarar nuevos proyectos. Pero la realidad, ya vimos, nos muestra algo muy distinto: son las condiciones externas imperantes las que nos determinan y nos ofrecen o retacean oportunidades, aun cuando el talento disponible sea lo suficientemente importante como para obtener el éxito en lo emprendido.

La construcción de nuevos espacios en un Estado benefactor parte de la base de que para que haya un despliegue de aptitudes es imprescindible que se creen los escenarios adecuados para que cada cual vaya encontrando posibilidades para canalizar sus aspiraciones. No es que el éxito, en tales condiciones, esté asegurado, sino que aumentan las expectativas de que ello ocurra.

Hoy resulta un lugar común aquella sentencia de que “en toda crisis hay una oportunidad”. Una crisis que produce cambios estructurales no se resuelve fácilmente, requiere de un proceso más o menos prolongado que, por lo general, supera la ansiedad de quien padeció cambios bruscos en su vida.

Lo que marca una diferencia para las personas humanas tanto como para las instituciones es la percepción de que otras son las expectativas, que es posible comenzar a proyectar acciones futuras que se traduzcan en mejor calidad de vida.

Las mutuales, así como las organizaciones de la economía social y solidaria en general, tienen ante sí un desafío, que es el de posicionarse en el punto en el que objetivamente puedan desarrollar su potencial con relación a la comunidad a la que prestan servicios. Ese punto no es arbitrario: se trata de vincular una o varias medidas estatales con las que una entidad pueda identificarse, explorar el ámbito, analizar la factibilidad de intervención, y, sobre todo, poner en valor esa característica que el presidente del INAES, Ing. Mario Cafiero, señala como uno de los factores primordiales de las entidades de la ESS: la confianza, el mayor activo de su capital social.

Nuestro presente se encuentra con dos realidades confluyentes: grandes necesidades en los estratos populares, y enorme potencial en las organizaciones de la ESS. Sustituyamos crisis por escenario, mantengamos potencial como oportunidad. Y apostemos a las buenas expectativas.

 

(*) No está demás, en este comienzo de año, recordar lo que contaba Eduardo Galeano que había dicho Fernando Birri, gran cineasta argentino: “La utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se aleja diez pasos más allá. Por mucho que camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso: sirve para caminar.”

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